29 ago. 2010

Tegucigalpa, Honduras.-

Enfermeras solicitan un incremento salarial de 5,000 lempiras
http://proceso.hn/2010/08/27/Nacionales/Enfermeras.solicitan.un/27333.html
La Asociación Nacional de Enfermeras y Enfermeros de Honduras, negocian con el Gobierno un incremento salarial de 4,000 a 5,000 lempiras.

La presidenta de la asociación, Yaneth Almendares, informó que en la reunión con la comisión encargada de los salarios por parte del Gobierno, acordaron que entre finales de agosto y los primeros días del mes de septiembre del año en curso, los trabajadores en salud recibirán alguna respuesta.

Manifestó que el aumento que están solicitando es de 4,000 y 5,000 lempiras y los colaterales, mismos que según Almedares, se han mantenido entre 1,800 y 750 lempiras.

Detalló que los colaterales son las llamadas horas extras, las cuales son distribuidas con 1,800 lempiras para las personas que trabajan en los hospitales y 750 lempiras para los que trabajan en los centros de salud.

Según la enfermera, la próxima semana se estarán reuniendo con la comisión por parte del Gobierno, para conocer si la respuesta obtenida es o no positiva.

A nivel nacional se encuentran laborando 6,020 enfermeras y exigen dicho incremento.

Corrientes, Argentina.-

AVANCES EN LA CAUSA
Por mala praxis procesan a médica y a enfermera

http://www.el-litoral.com.ar/leer_noticia.asp?IdNoticia=142718

Ambas profesionales atendieron a María del Carmen Troncoso que ingresó al hospital de Empedrado con un dolor estomacal. La incorrecta aplicación de un suero le costó la amputación de un brazo a la víctima. La joven cambió de abogado y renunció a pedido de indemnización por más de 2 millones de pesos.
 
El juez de instrucción de Saladas, Enrique Deniri procesó a la doctora Yenny Gómez y a la enfermera Nadia Monzón de Castillo por el delito de lesiones culposas. Ambas fueron las que atendieron a María del Carmen Troncoso el pasado 6 de febrero, cuando la joven de 22 años ingresó al hospital de Empedrado con una molestia estomacal. Le aplicaron suero y medicamentos en el brazo derecho que le afectó una arteria y debieron amputárselo.
El abogado Yamandú Barrios, quien representaba a la víctima, destacó el desempeño de la Justicia en respuesta a las declaraciones de Troncoso que decidió cambiar de querellante por no tener noticias de avances en la causa.
“Lograr el procesamiento de las imputadas en apenas cuatro meses es todo un logro. La verdad no entiendo la posición de la joven que además decidió renunciar a una demanda civil contra el Estado por la suma de $2.872.809. Desconozco el motivo de la decisión”, manifestó Barrios en comunicación con El Litoral.
“Tiene el derecho a buscar otro abogado, pero no puede mentir sobre el avance de la causa. En cuatro meses se logró el procesamiento de la médica y de la enfermera. Que se la depongan del cargo es potestad de la Superintendencia de la Nación, no de los abogados”, explicó.
En tanto informó que el fallo ya fue apelado por la defensa, por lo que se espera que la Cámara en lo Criminal resuelva el curso del caso.
En tanto trascendió que Troncoso decidió renunciar a la indemnización para recibir una pensión por discapacidad.
La causa está caratulada como “Gómez, Yenny y Monzón de Castillo, Nadia p/sup. lesiones culposas-denuncia Troncoso, María Antonia. Víctima: María Del Carmen Troncoso- Empedrado. Expediente Nº 1.599/010”.


El caso
La madrugada del sábado 6 de febrero de 2010, María Del Carmen Troncoso, de 22 años fue atendida en la guardia del hospital de Empedrado por la médica de guardia, doctora Yenny Gómez y por la enfermera, Nadia Monzón de Castillo debido a que la paciente aquejada un dolor estomacal.
La enfermera, por indicación de la doctora Gómez, colocó a Troncoso, suero y medicamentos, en el brazo derecho, mientras la paciente se encontraba en la Sala de Emergencias en una camilla.
Minutos después de la colocación de suero y medicamentos, el brazo derecho de la paciente empezó a ponerse varicoso y morado, padeciendo desde entonces un fuerte dolor en el miembro.
Ante las molestias y dolores padecidos por Troncoso, la enfermera, cambió de brazo, colocando los mismos elementos en la mano izquierda.
La joven empezó a llorar desconsoladamente y la primera respuesta que recibió de parte de las profesionales fue que el problema surgió por el frío del aire acondicionado.
A las 8 se produjo el cambio de guardia del médico, entrando la doctora Ana Laura Acevedo, quien luego de casi 3 horas perdidas por las irregulares prestaciones de la enfermera Monzón de Castillo y la médica Gómez, decidió hacer una placa.
Al conocerse el resultado, la doctora Acevedo resolvió derivar de urgencia a la paciente, al Hospital Escuela pasadas las 9 de ese sábado 6.
Alrededor de las 15 de ese día, los profesionales decidieron la derivación al Cardiológico.
En esta oportunidad, por primera vez se acercó una médica a la mamá de María y le advirtió que había algo serio en una arteria.
Los exámenes determinaron isquemia arterial aguda secundaria a trauma vascular. Ausencia de flujo en arteria radial y cubital, con flujo humeral supracondíleo. Se decidió una cirugía. No evolucionó.
El día jueves 11 de febrero fue derivada desde el Cardiológico al Hospital Escuela.
Pasadas las 18 de ese día, ingresó a cirugía, siendo operada por un médico de apellido Silva, quien le amputó el brazo derecho has-ta pasado el codo.

Japón.-

Déficit de enfermeras en Japón
http://noticias.lainformacion.com/mundo/deficit-de-enfermeras-en-japon_dEdgEWqwnUVRga4YwHvmo5/
La población nipona envejece a marchas forzadas, tanto que se prevé que en 2055 más del 40 por ciento del censo tenga más de 65 años. Pese a esto las profesionales procedentes de Indonesia y Filipinas no son bien recibidas en los hospitales japoneses.

(Tokio, Japón). Se suponía que iba a ser la solución perfecta para un problema supuestamente sin solución: ¿cómo cuidar de los enfermos y de los ancianos en un país que tiene una población decreciente y cada vez más canosa?

La decisión que tomó Japón en 2008 de invitar a trabajar a enfermeras y cuidadores en prácticas de Indonesia y Filipinas para cubrir las numerosas necesidades del servicio de salud se interpretó como la demostración de un nuevo espíritu aperturista, en un país que tradicionalmente ha rechazado a los trabajadores cualificados extranjeros.

Pero tres años después de la llegada del primer grupo de trabajadores en prácticas del sureste asiático, el plan, pese a toda su buena intención, está hecho añicos.

De los 254 profesionales indonesios y filipinos que tomaron este año el primer examen de enfermería en japonés, tan solo tres lograron pasar la prueba.

Sin embargo, en los hospitales y centros de atención sanitaria de Japón es más que obvia la necesidad de nuevo personal. Más de una quinta parte de la población nipona tiene actualmente más de 65 años, y la gente en esa horquilla de edad supondrá en 2055 más del 40 por ciento del censo, según cálculos del National Institute of Population and Social Security Research de Tokio.

El gobierno predice además una enorme carencia de cuidadores de ancianos en las próximas dos décadas.

Pero en lugar de ser recibidos como potenciales salvadores de un servicio público que está rozando su límite, los enfermeros extranjeros se han encontrado con una burocracia inflexible, exigencias de idioma que pondrían a prueba a gran parte de los japoneses nativos, y un gremio profesional que apenas disimula el rechazo a su presencia.

Debido a presiones de la Japan Nursing Association, una organización que se ha opuesto sistemáticamente a la contratación de grandes grupos de enfermeros y enfermeras extranjeros, el gobierno exige a los candidatos pasar los mismos exámenes que sus colegas nipones.

El examen contiene miles de términos escritos en kanji y complicada terminología médica. Es tan diabólicamente difícil que la respetada revista Sentaku lo ha descrito como “una prohibición de facto para que enfermeras extranjeras vengan a trabajar a Japón”.

Los candidatos extranjeros, que deben de tener la titulación de su país, reciben clases de idioma durante seis meses antes de trabajar en prácticas al menos tres años. Durante ese periodo tienen que combinar trabajo y estudio, y sólo tienen una oportunidad para presentarse al examen. Si no lo aprueban, tienen que regresar de inmediato a su país.

“La asociación de enfermeras siempre se ha opuesto a este plan”, asegura Hirohiko Nakamura, un diputado del Partido Liberal Democrático que ha hecho campaña para levantar las barreras de Japón a los trabajadores foráneos.

“Cuando empezaron las negociaciones con el gobierno filipino, los opositores intentaron limitar el número de cuidadores extranjeros a entre 10 y 20. Me avergüenza. Su actitud parecía ser como que  de ningún modo podemos tener extranjeros tocando los cuerpos de enfermos japoneses”.

“Me alegré inmensamente cuando se puso en marcha este sistema, por lo que cuando veo cómo ha funcionado me siento amargamente decepcionado”.

Wahyudin, un indonesio de 28 años candidato a ser cuidador de ancianos, resume las frustraciones de los trabajadores de la sanidad extranjeros que quieren empezar una nueva carrera y una nueva vida en Japón.

“Nos resulta muy complicado aprobar este examen en un periodo corto de tiempo, especialmente cuando sabes que sólo te dan una oportunidad”, dice, añadiendo que el examen es más una prueba sobre el conocimiento de japonés de los candidatos que sobre sus habilidades con enfermos y ancianos.

Bajo los acuerdos económicos alcanzados con Indonesia y Filipinas, el servicio sanitario de Japón se suponía que iba a asumir hasta 1.000 trabajadores extranjeros.

Pero tras el entusiasmo inicial, muchos hospitales y centros asistenciales están desvinculándose del plan, argumentando que formar al personal extranjero es demasiado costoso en momentos de recortes presupuestarios.

El gobierno ha respondido prometiendo subsidios a los hospitales que asuman al menos un candidato, y que ayudarán en sus gastos de manutención.

Pero Nakamura cree que el fracaso del plan se debe más a cuestiones burocráticas que financieras. “Es obvio que hay una tremenda necesidad de trabajadores sanitarios de Indonesia y Filipinas”, dice. “No es que los hospitales no los quieran. Están señalando que hay un fallo administrativo en el sistema que les impide actuar”.

Curiosamente, los principales elogios a favor del plan han llegado de parte de las personas que se supone se beneficiarán más del mismo: enfermos y ancianos. Según una encuesta del Ministerio de Salud, más del 90 por ciento de los ancianos o enfermos con minusvalías dicen que están satisfechos con la calidad de los cuidados que les dan sus cuidadores indonesios en prácticas.

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