18 jul. 2011

ESPAÑA, La Justicia condena a un paciente por injuriar a una enfermera en Jaén

El fallo reconoce a Daniel C. L., responsable en concepto de autor de la falta de injurias y se le impone veinte días de multa con cuota diaria de seis euros

Un usuario de la sanidad pública es condenado por injuriar a una enfermera. La sentencia establece como probado que el denunciado, Daniel C. L., que acudió al centro de salud a curarse unas heridas, insultó a la enfermera denunciante, propinándole improperios delante de otras personas.
El fallo reconoce a Daniel C. L., responsable en concepto de autor de la falta de injurias y se le impone veinte días de multa con cuota diaria de seis euros y responsabilidad personal subsidiaria de un día de privación de libertad por cada dos cuotas que resulten impagadas en el plazo de cinco días desde que sea requerido.
Este caso, que ha sido llevado por los servicios jurídicos del Colegio de Enfermería de Jaén, supone otro logro más en la lucha contra la violencia física y verbal a los profesionales sanitarios, que se encuentran en situación de desprotección y vulnerabilidad ante sus víctimas. Así lo manifiesta uno de los responsables de la asesoría jurídica profesional de la institución, Luis Alberto García, que asegura que cada vez más, la Justicia está reconociendo y protegiendo a los profesionales de la Enfermería y reconocen ya como delito lo que antes era tipificado como falta. Igualmente, anima a los colegiados a denunciar cualquier tipo de agresión física y/o verbal ya que la mayor parte de las agresiones verbales, los insultos e injurias no se denuncian.
Por su parte, el presidente del Colegio de Enfermería de Jaén, José Francisco Lendínez Cobo, recuerda algunas de las reivindicaciones de la institución colegial en materia de seguridad, que son medidas como aumentar el número de guardias de seguridad, cámaras de vigilancia o colocar timbres en lugares próximos y estratégicos de la consulta para que, ante cualquier agresión, el profesional de Enfermería tenga la opción de recibir ayuda cuanto antes.

ARGENTINA, TUCUMAN

Trabajó junto a Eva Perón y la asistió hasta su muerte

urora Suárez se recibió de instrumentadora quirúrgica en la Fundación Eva Perón. Colaboró en todas las tareas sanitarias y de acción social y fue enfermera personal de la Primera Dama.

"MI ÁNGEL DE LA GUARDA". Aurora muestra el retrato de Eva Perón que conserva arriba del respaldar de su cama, junto al Corazón de Jesús. LA GACETA / FOTOS DE OSVALDO RIPOLL
"Papá, quiero ser enfermera", repetía desde niña Aurora Suárez en su casa de 7 de Abril. Su padre, don Santos Suárez,era por entonces el comisario del pueblo. "Papá ¿por qué no pide traslado a la ciudad de Tucumán para que yo estudie enfermería?", insistía. Don Santos pidió el pase a San Miguel de Tucumán, y junto a su esposa Bernarda Gómez y a sus 10 hijos desembarcaron en la casa que había comprado en Villa Urquiza. Aurora estaba feliz. En la escuela Normal Juan B. Alberdi terminó la primaria y el tercer año del secundario. Y luego llegó su gran día. "Me inscribí en el curso de enfermería que dictaba el Centro de Enfermería Autónomo, dependiente del Consejo de Higiene Asistencia Social de la Provincia y recibí mi diploma... ¡Estaba tan emocionada!, y mi padre orgulloso", cuenta. A los 85 años goza de una lucidez invidiable y de un temperamento para nada domeñable. Así comenzó a concretar el gran sueño que acarició en la niñez, aunque por entonces, no avizoraba hasta dónde llegaría ni cuánto la marcaría en su vida.

Llevó dos tardes escuchar y recopilar los relatos de Aurora, sus testimonios, los momentos de dicha y de dolor, las vivencias que recogió durante un momento crucial de transformaciones económicas, sociales y políticas de la historia argentina, tan cara a sus afectos personales y al sentir popular. "Es la primera vez que acepto hablar de estas cosas... Usted escriba. Yo le iré contando cómo fueron sucediendo los hechos...". Su tono firme pierde fuerza cuando invitó el primer mate cebado por ella.

-¿Cuál fue el hecho más importante en su vida...?

- No se apure. Vamos por parte. (Y levantó la mano derecha con la palma abierta, en señal de "espere")

"Era muy joven -no sé si tenía 17 o 18 años- cuando comencé a trabajar como secretaria del doctor Carlos Pasquini López, primero en el Hospital Santillán, y luego en el Sanatorio Pasquini. El doctor y su señora Luisa Nougués eran muy buenos conmigo. Me querían muchísimo. Yo era curiosa, le preguntaba al doctor qué sentía al operar una persona y él siempre me respondía, me enseñaba, me aconsejaba... Un día me dijo: usted es una chica con muchas condiciones ¿por qué no viaja a Buenos Aires a perfeccionarse en la Escuela de Enfermería de la Fundación Eva Perón? Puedo contactarla con los doctores Finochietto" (Enrique y Ricardo).

A Buenos Aires
En 1946 Aurora marchó a la Capital Federal. Ingresó a la Escuela de Enfermería de la Fundación Eva Perón, de la cual egresó primero como Enfermera y luego como Enfermera especializada en Instrumentación Quirúrgica. Mantiene impecables los diplomas refrendados por Ricardo Finochietto (director de la escuela y médico personal de Evita) y por Eva Perón. A partir de entonces, comenzó una nueva vida para ella.

"Cuando estaba en tercer año se comenzó a construir el Hospital General Juan Perón, en Avellaneda. Fue inaugurado en 1951, cuando nos recibimos de instrumentadoras. Ese año 'La Señora' Eva Perón recibió de EE.UU y de Suiza donaciones para el hospital. El regalo más importante fue un aparato de anestesiología que se colocaba en la cabecera de la camilla del quirófano. Ese aparato fue usado cuando la operaron a la señora Eva... Este es el aparato (muestra la foto). Aquí estoy escribiendo en un cuaderno porque yo ya había aprendido algo de inglés y trataba de traducir qué función tenía cada botón".

Con el nuevo aparato las instrumentadoras realizaron sus prácticas y aprendieron a moverse dentro del quirófano para cumplir sus funciones. "Eva Perón nos visitaba todos los días. Llegaba a las 7 de la mañana a la Fundación y nos decía que debíamos ser muy humanas y bondadosas con los enfermos, porque los que sufren necesitan mucho amor y contención..."

La Escuela de Enfermería, recuerda Aurora, tenía de todo: instrumental de última generación, mobiliario, cortinas, ropa de cama, ropa para los pacientes (mujeres, hombres y niños), profesores de Educación Física, peluqueros y maquilladoras.

Entre las cinco mejores
"No gastábamos nada. Todo era gratis. Nos vestían de pies a cabeza con los uniformes blancos y con los uniformes de gala para los actos oficiales, las recepciones y las fiestas patrias. Cuando nos recibimos, Evita nos llevó al Hospital General Juan Perón. Allí nos comunicó que elegiría a las cinco mejores del grupo para que las acompañemos en todas las actividades sanitarias y de ayuda social de la Fundación en el país Ese día casi me desmayé de emoción cuando 'La Señora' me seleccionó entre las cinco mejores para que trabajemos juntas".

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