15 oct. 2012

Los profesionales sanitarios enferman por intentar que no lo haga la población general

La enfermería, estresada y quemada

Archivado en:que reflejan, sin lugar a dudas, el deterioro progresivo que está sufriendo nuestro sistema sanitario. Se está produciendo la cruel paradoja de que las personas que deben velar por nuestra salud están viendo como la suya propia empeora por momentos a causa de su trabajo. O lo que es lo mismo, trabajar para que los ciudadanos no enfermen, enferma a los profesionales.

El partido de nuestro futuro lo jugamos ahora"

El estudio supone una prueba más de que las decisiones que están adoptando las diferentes Administraciones públicas, a golpe de decreto y sin negociación alguna, están suponiendo un grave perjuicio para todos. Por un lado, para los profesionales que han hecho posible que la sanidad española fuera hasta hace poco un verdadero motivo de orgullo por ofrecer una atención de calidad, universal y gratuita, y, por otro, para los ciudadanos que recurren a ella.

El Sindicato de Enfermería siempre ha defendido la buena salud de los profesionales porque es sinónimo de buena salud del sistema sanitario y de los ciudadanos y, por ello, no cejará en su empeño de decir alto y claro que no todo vale y que los recortes improvisados y sin razón no pueden acabar con los derechos, servicios y prestaciones que tanto tiempo y esfuerzo conjunto han costado conseguir.

Lo que está en juego no son sólo las condiciones laborales y la salud los profesionales, sino la de todos. Lo que está en juego es el futuro de un Sistema Nacional de Salud, que genera riqueza y empleo, y que supone una de las principales fuerzas productivas del país.

Lo que está en juego es un modelo de sociedad que ha hecho del Estado del bienestar su seña de identidad y que está deteriorándose a pasos agigantados por los intereses egoístas de unos pocos que únicamente piensan en su cuenta de beneficios. No lo permitamos. El partido de nuestro futuro lo jugamos ahora.

Los sanitarios se van al extranjero

Son parte de un colectivo que recibe una formación pública de máximo nivel y al mismo tiempo las víctimas de un sector muy castigado


 

Muchos de ellos buscan un porvenir mejor en el extranjero y están dispuestos a dejarlo todo para poder trabajar

Marina Fernández Cada año, cientos de médicos y enfermeros se licencian en Málaga para llevar a la práctica una profesión puramente vocacional. Después de horas de estudio y laboratorio, de prácticas soportando los sinsabores de la vida, llegan a una meta llamada mundo laboral. Sin embargo, estos jóvenes han visto truncados sus sueños porque la crisis económica, que empieza a ser crónica, les ha hecho darse de bruces con la realidad.
Es el caso de Alejandra, una joven malagueña que ha trabajado en la privada hasta que hace unos días decidió plantarse. «Mi sueldo de 400 euros no me daba más que para pagar la letra del coche. No puedo vivir permanentemente de mis padres», explicaba a este periódico. Animada por unos familiares que ya emigraron a Inglaterra, se decidió a dar el paso después de que su novio haya encontrado un trabajo allí tras dos años en el desempleo.

«Ahora trabajaremos los dos y yo ganaré mucho dinero. Por lo mismo que trabajaba antes, ahora cobraré más, 2.800 euros». Reconoce que tendrá que pasar un proceso selectivo y, aunque tiene un buen nivel de inglés, no teme enfrentarse a los pacientes en este idioma porque conoce incluso a quien le pusieron un traductor para ejercer allí la enfermería.

Como ella, cientos de malagueños del sector se han animado a iniciar un éxodo que, de momento, no tiene retorno. Aunque muchos de ellos se aventuran y buscan empleo una vez allí, hay quien se va con el trabajo ya buscado. Para ello están las empresas de captación, que imparten charlas para informar a los profesionales de la calidad de vida de la que gozarán en el extranjero si se deciden a trabajar fuera. Muchas pagan la manutención, buscan una vivienda cerca del centro de trabajo e, incluso, ponen guarderías o vehículo si es necesario. Pero por encima de todo, dan estabilidad.

Por su parte, Juan, médico residente, lamenta que la sociedad vea al sector como privilegiado. «Somos la diana de las frustraciones de los pacientes, que sufren, enferman y viven dramas familiares por la crisis; se quejan a nosotros de las listas de espera, de que ciertos productos ya no sean financiados... pero aunque saben que a nosotros nos han quitado la paga de Navidad, ni se imaginan las reestructuraciones que están haciendo», apunta.

Pese a su planteamiento de irse, reconoce que le gustaría volver en un futuro a España, porque quiere estar cerca de familia y no se ve en el extranjero de por vida.

David se fue a Inglaterra hace casi dos años. Se enfrentó a cinco entrevistas de trabajo y todos los centros sanitarios quisieron contar con él. «Me quedé en el que mejores condiciones me daba», relata.

Aún no sabe si se irá, ya que después de unos meses, volvió a Málaga para trabajar en el Sistema Andaluz de Salud (SAS), aunque se le acaba de terminar su contrato de médico, por lo que quizás se vaya si no le vuelven a contratar. Aún así, admite que la visión que de la sanidad española tienen los extranjeros es muy buena. «Se quedan muy sorprendidos de la capacitación y de la resolución de problemas que tenemos los sanitarios españoles. Estamos muy bien considerados, hasta tal punto que mi jefe de allí me pide que le mande a gente que termina la residencia, e incluso a estudiantes para hacer allí las prácticas», admite.

Lo mismo opina Rocío, una enfermera de 24 años que lleva una semana en Londres. «Decir que eres española es ganar puntos a tu favor. Nuestra profesión está muy bien considerada. Dicen de nosotros que somos muy trabajadores y que poseemos muchos conocimientos», apunta.

Para poder lograr un empleo allí, la joven ha preparado toda la documentación necesaria para ejercer la medicina. «He venido con todos los papeles preparados para solicitar el número de colegiado, sin él es imposible trabajar de enfermera». Y es que los colegios profesionales están jugando un papel fundamental para que estos enfermeros y médicos encuentren el trabajo de sus sueños. Estos necesitan que les expendan un documento que les certifique que están colegiados, porque sin él no les contratan.

«A los jóvenes los vemos como los nuevos marginados, son los más preparados en cuanto a conocimiento, aunque no tengan experiencia», explica el presidente del Colegio de Enfermería de Málaga, Juan Antonio Astorga. Tras numerosas reuniones, entendió que la institución debía favorecer la inserción laboral de estos trabajadores potenciales, por lo que buscó sus carencias para ayudarles en la medida de lo posible. De este modo, decidieron firmar un acuerdo con una empresa de idiomas, que les da clases de inglés para poder obtener un puesto de trabajo en el extranjero.

Reconoce que desde que empezó 2012 el Colegio de Enfermería ha visto como cada mes le llegaban entre 20 y 25 solicitudes para la homologación de su título para salir fuera. «Entre un 70 y un 80% de ellos se termina por ir. Les hacen mejores contratos, el riesgo que hay es que se queden allí, que otros países se aprovechen de las capacidades de la gente a la que hemos formado nosotros».

«Particularmente entiendo que se vayan, los he animado a salir, porque tenemos un entorno muy adverso en Málaga. Hay gente que en la privada está ganando 500 euros».

Desde el Colegio de Médicos, su presidente, Juan José Sánchez Luque, asegura percibir un desánimo generalizado. La falta de contrataciones, unida a la bajada en muchos contratos de un 25%, está desmoralizando al sector. «Hay mucho desconsuelo», admite.

Reconoce que en los últimos meses el goteo de médicos que piden la documentación para irse es cada vez mayor. «Ha acabado un verano en blanco en cuanto a sustituciones, y la sensación es que la administración exige cada vez más pero nos da menos», señaló.

Según datos del Colegio de Médicos, a final de 2012 –si continúa la tendencia– se triplicarán los emigrantes españoles respecto al año 2009. En cuanto a las áreas, la mayoría de los que se han ido han sido médicos de familia, quedando muy atrás las distintas especialidades.

Llegan ofertas de Europa, Asia y América Latina. La Organización Médica Colegial, la entidad que agrupa a todos los colegios de España, emitió 948 certificados de idoneidad en los primeros seis meses de este año. La fuga de profesionales sanitarios es evidente y hay países que se están aprovechando de ello.

Es el caso de Ecuador, que anunció esta semana en España que su país está buscando profesionales sanitarios para cubrir sus necesidades médicas. Explicaron que uno de los principales atractivos de esta oferta es la estabilidad laboral, con contratos permanentes y salarios de hasta 4.000 dólares.

Antes, Arabia Saudí pidió 100.000 enfermeras. Ofrecían sueldos de 3.500 euros netos al mes, y 3.750 si se trataba de especialistas. Como requisitos, llevar al menos dos años graduado y saber inglés a nivel «first certificate»o similar. Como ganchos adicionales, un contrato de un año renovable, 54 días de vacaciones y vuelos gratis de ida y vuelta.

Cuatro de cada diez enfermeras tiene problemas sexuales por el estrés

Según un estudio del sindicato Satse, la salud del personal sanitario ha empeorado por los recortes y las escasas plantillas

Día 14/10/2012 - 04.39h

Cuatro de cada diez enfermeras tienen problemas sexuales por el estrés y la carga de trabajo. Es una de las conclusión del sondeo realizado por Satse entre personal de enfermería de la Sanidad pública española, según el cual los recortes y la mayor escasez de plantillas ha empeorado la «salud» de los profesionales de enfermería.

El 43% contestaron a la encuesta que la situación ha afectado a sus relaciones sexuales, el 84% que padecen estrés y el 62% confiesan sentirse «quemados» en el trabajo.

El mismo estudio revela que nueve de cada diez enfermeras o enfermeros dicen sentir nerviosismo, temor o angustia. El 51% cree que se ha deteriorado la calidad del servicio de enfermería en la Sanidad pública, y el 82% de estos profesionales están convencidos de que en su jornada laboral no tienen tiempo suficiente para atender a los pacientes como desearían.

El estudio ha sido realizado entre un total de 1.173 enfermeras de toda España, y mayoritariamente las encuestadas son mujeres de entre 26 y 55 años de edad, y con contrato fijo.

Denuncian a un médico y a una clínica por la muerte de un bebé

Una pareja acusó por mala praxis a un ginecólogo y al sanatorio donde Silvina fue a parir su primer hijo. Nunca les explicaron por qué murió el niño. Esperan que la Justicia avance en la investigación.

Mateo pesó tres kilos 90 gramos, y para Silvina, que trabaja en el Hospital San Roque, perder un bebé es Mateo pesó tres kilos 90 gramos, y para Silvina, que trabaja en el Hospital San Roque, perder un bebé es "porque algo se hizo mal".

José Amado / Redacción de UNO
jamado@unoentrerios.com.ar

 

 

"Esperamos mucho tiempo para que en 15 minutos nos destrocen la vida". Silvina Cano y Carlos Ramírez iban a ser padres. Tuvieron un embarazo normal, nueve meses felices en los que programaron una vida junto a Mateo Benjamín, su primer hijo. Los estudios y análisis que hicieron (y pagaron) indicaban que iba a ser un niño sano. Pero al momento del parto, por alguna complicación o negligencia de los profesionales, el bebé murió.
 

 

Recibieron evasivas, explicaciones contradictorias y silencios, y aún no saben qué pasó en el quirófano de una clínica de Paraná, el 14 de febrero. Todavía están a la espera del informe de una junta médica y de que la Justicia los cite a declarar. La denuncia penal que se tramita en el Juzgado de Instrucción Nº 5 es contra el ginecólogo a cargo del parto y el sanatorio, por el delito de mala praxis.

 

 

Lo público y lo privado
Silvina es enfermera en el Hospital Materno Infantil San Roque. Durante cuatro años se desempeñó en Neonatología, donde asistió cientos de partos, vivió muchas situaciones complicadas y ayudó a salvarle la vida a muchos bebés, junto a los demás profesionales del área. Pero cuando le tocó parir a ella, en una clínica privada, fue todo al revés.
 

 

Tal vez esa es una de las injusticias que hoy más le duele: "Complicaciones así no son muy comunes, y si hay alguna todos corren. Yo corría para reanimar chicos que no eran míos, corría porque ese era mi trabajo", cuenta.

 

 

De la ilusión a la pesadilla
Cuando Silvina quedó embarazada buscó una ginecóloga y obstetra. Hoy lamenta la elección, porque la médica la atendió hasta la semana 36 de embarazo, en el verano se fue a Brasil de vacaciones, y la derivó a un colega. Con este tampoco tuvo suerte.
 

 

Hicieron todos los estudios de rutina y los que le recomendaban: eco doppler, ecografías, análisis en laboratorios. "Todo lo que nos mandaban lo hacíamos, y pagábamos lo que fuere", cuentan. "A las 36 semanas estaba todo bien", según los médicos.
 

 

En la semana 37 tuvieron la consulta al ginecólogo reemplazante y programó el parto por cesárea para la semana siguiente. Hicieron los últimos estudios que arrojaron buenos resultados.
 

 

El 14 de febrero a las 7 de la mañana, Silvina y Carlos se presentaron en la clínica. Hicieron trámites, firmaron papeles y esperaron más de una hora por una habitación. El parto estaba pautado para las 12, pero recién la llevaron al quirófano a las 13. Durante esas horas eternas estuvieron solos en la sala de preparto, mirando televisión. Solo pasó una enfermera que le tomó los datos y le midió la presión a la mamá, y luego el anestesista que le explicó acerca de la peridural.
 

 

Al ginecólogo lo vio recién en el quirófano, cuando ya estaba listo para el parto. Adentro "era todo un jolgorio", médicos, enfermeros y asistentes se hacían chistes por el día de los enamorados.
 

 

El anestesista le indicó a Silvina que se ponga de costado en la camilla para la anestesia. El ginecólogo puso el oído en la panza de la mujer para oír los latidos. "Está bien, marcá acá nomás", le indicó a una enfermera, quien pintó con un rodillo empapado en Pervinox la zona para la incisión. Colocaron la tela para que Silvina no vea la cirugía. Hasta este instante todo parecía normal.
 

 

Ya nadie hablaba. El médico tomó el bisturí y lo hundió. Silvina recuerda: "Yo siento que él tira a mi bebé con mucha presión, con mucha fuerza. Tanto que sentía que me iba caer de la camilla".
 

 

"Se complicó", dijo el ginecólogo. El anestesista se ofreció: "¿Querés que te ayude, que te dé una mano?". "No, no, está bien", rechazó. "Pero yo empujo de acá arriba", insistió. No hubo caso. El médico tiró con fuerza y sacó al niño. "Mi hijo no nació, me lo arrancaron", dice Silvina.

 

 

"No sé lo que pasó"
La madre solo pudo ver la mitad de los pies del bebé que colgaban. La enfermera se lo quiso dar, pero el médico se lo negó, y luego gritó: "¿Está la pediatra? ¿Llamaron a la pediatra?". Se quitó el barbijo y le dio la noticia a Silvina: "Mamá, tu hijo nació con una enfermedad rara, desprendimiento de piel, lamentablemente falleció".
 

 

Afuera esperaba Carlos con los abuelos del bebé. Salió al pasillo la pediatra, quien les dijo que el niño murió "por una doble circular del cordón umbilical y un desprendimiento de piel, ya se los va a explicar el doctor".
 

 

Él iba a la habitación y le decía a Silvina que el corte que le hizo era pequeño, que no se preocupe, no se le iba a notar. Le preguntaban qué había pasado. Nervioso, el doctor agachaba la cabeza, y decía: "No sé lo que pasó".

 

 

Denuncia penal
Esa tarde radicaron la denuncia contra el ginecólogo y la clínica en la Fiscalía. El Juzgado allanó de inmediato el sanatorio, se secuestró la historia clínica, y ordenó la autopsia del bebé. El informe del médico, que decía "muerte por paro cardiorrespiratorio y eritema ampollar", el de la autopsia y demás papeles fueron enviados para que una junta médica de Concepción del Uruguay haga un dictamen sobre si hubo negligencia.
 

 

"Hasta el día de hoy no nos dieron explicaciones de nada", dice la pareja, en su casa del barrio de la Base Aérea. "Para nosotros -en el Hospital San Roque -perder a un chico de tres kilos 90 gramos como pesó mi hijo era una locura. Hay chicos de 800 gramos que los reanimás, los ponés ahí y el chico va a crecer", cuenta Silvina.

 

 

"Cosas que pasan"
A la ginecóloga la volvieron a ver, bronceada por el sol carioca, para sacar los puntos de la cirugía. Estaba al tanto de todo, y les dijo que "son cosas que pasan", y les aconsejó: "Bueno, ahora negrita te queda hacer el duelo. Ustedes son jóvenes".
 

 

Para Silvina y Carlos la pesadilla parece no terminar. "Era nuestro primer hijo después de buscarlo cinco años. Al día de hoy tengo la cuna de mi hijo colgada, su ropa, sus cosas. Estoy con un tratamiento psiquiátrico porque no puedo dormir, me cambiaron las funciones y el lugar de trabajo. Estoy medicada de tarde, de noche, yendo a visitar a mi hijo a un cementerio".

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