4 dic. 2016

Rosamaría Alberdi, la primera enfermera investida doctora Honoris Causa


Rosamaría Alberdi, primera enfermera española galardonada con el título de doctora honoris causa. (Foto: Europa Press)

Rosa María Alberdi Castillo se ha convertido en la primera enfermera española que es investida Doctora Honoris Causa, reconocimiento concedido por la Universidad de Murcia.

El Colegio Oficial de Enfermeras y Enfermeros de Barcelona (COIB), el Colegio Oficial de Enfermería de las Islas Baleares (Coiba) y el Colegio Oficial de Enfermería de la Región de Murcia (Coemur) aseguraron en un comunicado conjunto su orgullo por este galardón a Alberdi, colegiada en Barcelona y Baleares, "que supone también un importante reconocimiento para toda la enfermería".

Rosamaría Alberdi (Barcelona, 1951) es diplomada en Enfermería y licenciada en Psicología. También es máster por las universidades de Antioquia, Medellín, Barcelona e Islas Baleares. En esta última es profesora titular de ética y administración de servicios desde el año 2000. También es consejera en el Consejo de Colegios de Enfermeras y Enfermeros de Cataluña (Cciic).
 
"Las enfermeras nunca hemos querido ningún privilegio. Sólo queremos llegar donde nos corresponda, por nuestros méritos y con igualdad de oportunidades. Alcanzar este doctorado es el fin de un largo camino de normalización", explicó Alberdi.

Además, la enfermera defendió la necesidad de que estas profesionales se comprometan en la lucha contra los "nuevos ámbitos de encierro y marginación", como es el drama de los refugiados, anteponiendo siempre "las palabras esenciales: conciencia, cuidado y protección".

La profesora Alberdi recibió el doctorado con "gran alegría y responsabilidad" y afirmó aceptar dicho honor como un "homenaje que se hace a todas las enfermeras que avanzamos, cogidas de la mano" por el reconocimiento profesional.

El bálsamo del amor



AMAGÜEY.- Nilda es el buen presagio del día. Temprano en la puerta del círculo infantil está repartiendo abrazo y beso sin excepción. Sabe bien los nombres de los niños, y con esos nombra doble porque eleva a la mejor de las identificaciones, cuando se es La Mamá o El Papá de… En las prevenciones sin fijo horario respeta su tiempo de jugar como la más pequeña en el piso, en dichosa burla a los 56 de edad. Todo en ella, hasta los regaños a los padres, la hace tremendamente "querible".

Su vida está marcada por las señales de lo primigenio. Nació el 14 de agosto, cuando pañales usaba la Revolución Cubana, porque el triunfo apenas tenía 19 meses. Hoy suma los grados posibles en su especialidad, del nivel técnico a la licenciatura, con la cualificación de enfermera neonatóloga. Mas el título de su vocación lo ganó desde la infancia en su hogar camagüeyano y obrero.

"Quería ser enfermera de animales. Según mi mamá lo correcto era decir técnico veterinario. En el patio velaba los nidos de gallinas y patas, para a los 21 días ayudar con mis manos a salir del cascarón. Cuidar para mí sigue siendo eso".

—¿Cómo llegas a la medicina profesional?

—En noveno grado también optaba por Estomatología y Médico Veterinario, y por suerte me llegó Enfermería General. Pasé un susto al rectificar la matrícula en las oficinas de Salud Pública, entonces en áreas del Hogar de Ancianos, frente al parque Finlay. Mi boleta no aparecía. Empiezo a llorar. Nos atendía la seño Enia López, amiga de mi mamá. Como podía volver a matricular, me sugiere que lo haga para enfermera pediátrica. Entonces mi corazón da un vuelco de alegría.

—Eres de una graduación afortunada…

—El primer año lo cursé en "San Juan de Dios", lo que es ahora el museo; el segundo, en el Instituto Politécnico de la Salud; y el tercero en la Escuela de Enfermeras. Nos graduamos con el Comandante en Jefe, en 1980 en el Instituto, con el privilegio de salir directo para la Universidad. Antes se pasaba un semestre en la Facultad Obrera para lograr el grado 12 (bachillerato). Trabajé en el Hospital Pediátrico; siete cursos en el círculo infantil Alegrías del Hogar y llevo tres en Cestico de Rosas.

—¿En cuál momento sentiste la forja de lo que te gusta con lo que haces?

—Desde estudiante, con 17 años de edad. Mi primera rotación de Enfermería Pediátrica fue en un círculo infantil, en el Manuel Zabalo, dispuesto para internos. Lloré mucho en mi casa. "Ay, hija, no te gusta?". "Sí, me encanta. Quisiera traer a casa a esos niños sin mamá". "Basta con que se sientan bien contigo". Eso me dio el alimento. Sabiéndome más útil desarrollé la profesión con anhelo.

—¿Cuánto de urgencias tiene tu función en el círculo?

—El círculo es para los niños sanos, pero por pequeños son vulnerables. Presentan vómitos, fiebre, diarrea, caídas de sus pies. Ante tales situaciones accionamos con el infante bajo nuestro cuidado y observación hasta la llegada de la familia.

—A los padres "de estreno" les ofreces una bienvenida peculiar, ¿por qué?

—La educación preescolar tiene características especiales. Los niños comienzan el proceso de adaptación entre los 14 y 16 meses, por lo que tienen necesidades concretas: alimentarlos, asearlos... Nuestro trabajo se encamina a orientar sobre los hábitos de vida, el reglamento de la institución y al apoyo psicológico a la familia, sin dejar de mencionar el desempeño eficiente del educador.

—¿Cómo es un día tuyo en "Cestico de Rosas"?

—De felicidad. Mi alegría se completa al verlos ir y venir llamándome por mi nombre, ver cómo aprenden, y con el orgullo de que han sido cuidados con amor y desvelo.

—¿Qué te preocupa de los padres?

—Que se vayan con insatisfacción o duda por no entender o no gustarles lo que digo.

—La "seño Nilda" es imagen familiar para cientos de niños. ¿Cómo los contienes a todos sin que se pongan "celosos" en tu hogar?

—Mis niños se van conmigo dentro de mí. En la casa hablo de ellos, de lo que hacen y dicen, desde el beso y el buenos días hasta el adiós de la tarde. Tengo una familia maravillosa: mis padres, mi hijo, mi esposo, sin la que no hubiera podido ser enfermera de círculo infantil. Por eso te aseguro que no hay celo.

—Estás destinada a curar, pero, ¿cuál ha sido la mejor cura para ti?

—La satisfacción de mi trabajo para con los niños, el sentir que me llaman cuando paso por una calle y dicen "la seño de mi círculo", y saber que con mi amor ayudé a aliviar el llanto o dolor que pudo tener un día.


—¿Conoces un bálsamo para la consternación por Fidel?

—Ninguno. Él es célula fundamental de nuestra sociedad. Aprender a vivir con ese dolor nos va a costar mucho a los cubanos. Estaba en Esmeralda. Lo supe por teléfono: "De salud estoy bien, del alma, no, tratando de soportar la noticia de la muerte de Fidel". "Mamita, no lo esperábamos, pero sabíamos que pasaba por una enfermedad desde hace años. Tenemos la alegría de su vida mucho tiempo más".

—¿Podrán amarlo estos niños que no tienen conciencia de sí mismos?

—No es difícil. Yo nací en 1960. No conocí a Martí, pero lo amo porque me formaron en su doctrina. Ellos pueden crecer con el Comandante. Esta generación del futuro va a amar la doctrina de Fidel, porque es lo que nos legó.

Carrera de enfermería

El reclamo que realizaron los estudiantes de la carrera de auxiliar de enfermería que se dicta en la Universidad Popular por su cierre ocasionó que mañana se convoque a una reunión entre los funcionarios de la Dirección de Modalidades Educativas y de Educación Técnica para definir cuál será su destino.

Según pudo conocer este diario, tal como afirmó el director de la Universidad Popular, Luis Rojas, la Dirección de Modalidades Educativas recibió una notificación por parte de Educación Técnica donde le pedían que cesen con las inscripciones para el próximo año. Sin embargo ese documento no contenía explicaciones, motivos, ni se hacía referencia a una decisión de cerrar la carrera. Por eso los funcionarios de ambas áreas se reunirán para definir la situación, que generó gran preocupación a la comunidad educativa y a los más de 90 inscriptos para el ciclo 2017.

Rosamaría Alberdi, primera enfermera doctora honoris causa del país

"Con este doctorado la profesión llega al final de un camino de normalización que se inició hace cuarenta años", resaltó la galardonada durante su discurso en la Universidad de Murcia





Rosamaría Alberdi Castell fue investida ayer con el título de doctora honoris causa en una ceremonia realizada en el Paraninfo de la Universidad de Murcia.

Alberdi (Barcelona, 1951), enfermera y profesora de la Universitat de les Illes Balears, se convierte de esta manera en la primera enfermera española que obtiene este máximo galardón universitario en España.

La doctora Maria Pilar Almansa, madrina del acto, expresó en el discurso de elogio –Laudatio– que con el galardón "se reconoce el trabajo de una de las enfermeras que lideraron los cambios que dieron a los estudios de Enfermería el nivel universitario y que impulsaron un desarrollo de la profesión enfermera sin precedentes en nuestro país." Un reconocimiento con el que "se hace justicia y se sitúa a las enfermeras en situación de igualdad respecto a las demás profesiones", recalcó Almansa.

La profesora Alberdi recibió el doctorado con "gran alegría y responsabilidad", señalando que aceptaba tal honor como un "homenaje a todas las enfermeras que avanzamos hasta aquí, cogidas de la mano," por el reconocimiento profesional.

"Las enfermeras nunca hemos querido ningún trato de privilegio, ni en la época de nuestro primer encuentro con la Universidad, ni ahora. Sólo queríamos, seguimos queriendo y queremos poder llegar donde nos corresponda, por nuestros méritos y con igualdad de oportunidades. Con este doctorado el conjunto de la profesión enfermera llega al final de un camino de normalización que se emprendió hace cuarenta años y es, a la vez, la constatación de que conseguir el futuro de todos pasa indispensablemente por convertirlo en el presente de alguien", resaltó.

Conciencia, cuidado y protección

Rosamaría Alberdi hizo especial hincapié durante su discurso en las enfermeras del futuro, en el compromiso para ser las profesionales de la salud que la sociedad necesita y en el compromiso de mirar más allá de su entorno inmediato hacia los "nuevos ámbitos de encierro y marginación", señaló aludiendo al drama de los refugiados. Situaciones dramáticas en las que las enfermeras deben actuar, dijo, anteponiendo siempre "las palabras esenciales: Conciencia, cuidado y protección".

El Col·legi Oficial d'Infermeres i Infermers de Barcelona (COIB), el Col·legi Oficial d'Infermeria de les Illes Balears (COIBA) y el Colegio Oficial de Enfermería de la Región de Murcia (COEMUR) manifiestaron su orgullo por este galardón a Alberdi, colegiada en Barcelona y Balears, que supone también un importante reconocimiento para toda la profesión enfermera. Casi 40 años después de que comenzasen en España los estudios universitarios de Enfermería, finalmente una enfermera obtiene este galardón, incorporándose a la larga lista de científicos, investigadores, pensadores o artistas de prestigio distinguidos con el doctorado honoris causa.


De enfermero a flamante médico

Se recibió de enfermero y, con su trabajo, costeó la carrera de Medicina. En 2014, asistió a heridos en un recordado siniestro.

Para Adrián Bórbore (36), el hecho de haber trabajado antes de enfermero le da un plus al momento de atender a sus pacientes. Bórbore ahora es médico residente pero tiene un pasado en Enfermería pues eligió esa carrera apenas salió de la EPET 2. Sin embargo, no alcanzó a recibir el título que ya había empezado Medicina, una carrera que costeó trabajando justamente como enfermero. Además, el joven profesional fue protagonista de una historia que conmovió a la provincia en 2011, pues mientras era estudiante de Medicina asistió junto a unos compañeros a los obreros que sobrevivieron a un trágico accidente en la Quebrada de las Burras.


"Egresé como enfermero en 2002 e inmediatamente empecé Medicina. Lo hice porque mi vocación de servicio se veía correspondida en las dos carreras. Mientras cursaba Medicina trabajaba de enfermero en la terapia intensiva de una clínica. Fueron años de mucho sacrificio, de resignar descansos, fines de semana o vacaciones, de terminar una guardia de 24 horas e ir directo a cursar. Fue un sacrificio muy grande", expresó.


Adrián se recibió de médico en 2011 y ahora transita su cuarto y penúltimo año de residencia de especialización. Eligió diagnóstico por imágenes y trabaja en una clínica.

RECTA FINAL. A Adrián Bórbore le resta un año para terminar la residencia de especialización. El hombre dijo que la vocación es lo que lo llevó a ser enfermero y ahora médico.


"Mientras ya era médico, seguí trabajando durante un año como enfermero. Me gustan mucho las dos profesiones y siento que el haber trabajado 10 años en Enfermería me da un plus extra en el trato con los pacientes, en el abordaje y en la confianza que le generás. Pero también, en la posibilidad de sobrellevar las situaciones del día a día, en afrontar adversidades o complicaciones", dijo.


Parte de esas complicaciones las vivió al límite en octubre de 2011, cuando él y un grupo de alumnos de Medicina de la UCCuyo fueros los primeros en auxiliar a un grupo de obreros que se accidentó en la Quebrada de las Burras. El vehículo se quedó sin frenos y cayó a un barranco. Fallecieron cuatro personas y los heridos recibieron la atención de esos futuros médicos. "Actuamos coordinadamente con mis compañeros e hicimos lo que en ese momento estaba a nuestro alcance, como abrigarlos porque hacía mucho frío aquella noche", recordó.

Cumplen enfermeras 25 años de brindar servicio a pacientes


La primera generación de enfermeras egresadas del Conalep celebró, ayer sus 25 años de servicio a la sociedad laguense,  con una misa de acción de gracias celebrada en el templo de Capuchinas. 

Agradecen a Dios

Un grupo de aproximadamente 15 enfermeras acudieron, en compañía de sus familiares y amigos, a dar gracias a Dios por los favores recibidos a los largo de estos 25 años prestando sus servicios a los enfermos. 

"Es un trabajo en donde ustedes se sienten realizadas, se sienten contentas porque sirven a la sociedad, sirven a los demás como Jesús que no vino a que lo sirvieran sino a servir, así actúan ustedes enfermeras al curar a los enfermos", refirió el sacerdote que ofició la misa. 

El sacerdote señaló que la vocación de servir, a la que ellas fueron llamadas por Dios es una muy noble, ya que ayudan a las personas, en los momentos más difíciles, a sanar sus heridas y enfermedades físicas. 

Invitó a los jóvenes que se encuentran estudiando Enfermería a seguir preparándose para poder dar un servicio de calidad, y no solamente en lo técnico sino en lo humano. 

Así llenas de alegría, bendiciones y gratos recuerdos a lo largo de estos 25 años de servicio y amor por su profesión la primera generación de enfermeras de Lagos de Moreno celebró su 

aniversario.

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