26 ago. 2013

Pediatra alvearense de gran humanidad

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Lun. 26.08.13 | 13:36
De carácter fuerte y directa en el trato, recibe el reconocimiento de la comunidad por su excelencia en la atención de los niños del departamento
Pediatra alvearense de gran humanidad

Dedica gran parte de su vida al hospital Enfermeros Argentinos.

Mariano Villatoro - Especial para Los Andes

Aunque lleva casi 30 años en el servicio de pediatría del Hospital Enfermeros Argentinos, pocas personas, más bien casi nadie, podría asociar la silenciosa tarea de la doctora Graciela Vilma Fernández (55) con la imagen de médica de carácter fuerte y sinónimo de excelencia en la atención de los niños para cualquier alvearense. 

Para todos es simplemente "la doctora Raich" y con ese nombre el reconocimiento es inmediato. Nacida en Mendoza, donde aún reside toda su familia, Graciela adoptó a General Alvear como su pueblo en 1984, cuando llegó recién recibida de la facultad de Ciencias Médicas de la UNCuyo, de la mano de su flamante esposo, el cirujano y urólogo Juan Carlos Raich, con el que convivió 28 años hasta su sorpresivo fallecimiento en 2011. "Siempre creí en Alvear donde fui tan bien recibida" sostiene.

Madre de Lía Paola (28), Carlos Ariel (27) y Ana Sofía (23), Graciela hizo su vida en el sur al ritmo de los 800 nacimientos anuales, gran parte de los cuales atendió desde entonces y se sumó al cuerpo hospitalario junto a la doctora Torres, a quien secundó hasta 2001, cuando se convirtió en jefa del servicio pediátrico sin dejar de atender sus dos guardias semanales. 

En broma y no tanto, recién llegada de un traslado a San Rafael con una criatura que requería de una sala de mayor complejidad, la médica asegura que "no les queda mucha doctora Raich, por lo menos para los traslados. El traqueteo de la ambulancia y el stress de la situación son agotadores". 

Conocida por su carácter vehemente, que muchos confunden con malos modos, reconoce que es una apasionada de su trabajo, al que le pone todo su amor, pero también la misma cuota de exigencia y responsabilidad junto con su obsesión por la perfección. 

"Vengo a trabajar bien todos los días, a pesar de todos los problemas y de lo mucho que hay que mejorar en el sistema de salud" cuenta. A su cargo también trabajan las pediatras Daniela Carmona y Cristina Mendoza.
 
Esta última alcanza a interrumpir la entrevista lo suficiente para contar que, en muchas ocasiones, Graciela compra de su bolsillo los medicamentos que necesitan sus pacientes; eso es todo lo que logra decir antes de que, con toda gentileza, la inviten a dejar la habitación. 

Es que la médica prefiere hablar de su pasión por la educación -es docente innata e integra, entre muchos otros, el comité provincial de Lactancia Materna- antes de dar a conocer ese tipo de acciones, como el trabajar ad honorem en el hogar de niños Puerta a la Vida que lleva adelante el pastor Roberto Paden, por quien expresa una profunda admiración.

Orgullosa del servicio de mediana complejidad que dirige por la calidad de los profesionales que lo integran, admite que los pediatras alvearenses son pocos y están demasiado recargados lo que, en el ámbito estatal, los satura de labor asistencial y les impide avanzar en proyectos de mayor alcance, como realmente quisieran. 

"Muchas veces se critica que internamos a demasiados niños, pero se hace porque se puede, porque siempre hay lugar para un paciente o para que una mamá adolescente aprenda a amamantar" explica. Asegura que, en su área, los profesionales de Alvear nunca dejan de actualizarse.

Alejada hoy de la atención privada, toda dedicación está volcada al trabajo en el hospital donde el servicio de cirugía lleva el nombre de su esposo. Está firmemente convencida de que la clave para poder hacer tanto es su profunda fe en Dios, tanto como el apoyo incondicional de toda su familia, de sangre y política, a las que considera el baluarte de su vida.

Todos en General Alvear tienen algo que contar de la doctora, al menos quienes tienen hijos. 
Las anécdotas son muchas y algunas arrancan una sonrisa pero la calificación a su dedicación desde todos los ámbitos es una y sólo se escucha: "La doctora es excelente" o "todo su tiempo es para los niños de Alvear".

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