3 abr. 2016

Soy enfermero, ni médico ni celador

En la plantilla del Chop hay 719 profesionales, de los que 648 son mujeres y 71 hombres. Cuatro enfermeros relatan cómo los ven los compañeros y los pacientes

¿La enfermería sigue siendo una profesión de mujeres? La teoría dice que no, aunque otra cosa es la práctica diaria. En las escuelas universitarias hay cada vez más hombres, pero el número de mujeres sigue siendo muy superior. Y a ojos de los pacientes, ¿reciben el mismo trato enfermeros que enfermeras? En el Complexo Hospitalario Universitario de Pontevedra (Chop) hay en la actualidad, según datos oficiales, 719 enfermeros en plantilla, de los que 648 son mujeres y 71 hombres. No llega al 10 %, un 9,8. En el conjunto de la EOXI (incluyendo Primaria y O Salnés, además de Montecelo y Provincial) son 1.077 enfermeros, 944 mujeres y 133 hombres. Un porcentaje algo superior, el 12,3 %.

La Voz mantuvo un encuentro con cuatro enfermeros contratados para conocer su opinión. Son Eduardo García Iglesias, de 35 años; Lorenzo Pita López, de 39; Víctor Manuel Pérez Rodríguez, de 29; y Daniel Crespo Rodríguez, también de 29. Eduardo, con una experiencia de 12 años, está cubriendo una baja en la unidad de despertar. Lorenzo, que empezó a trabajar en 1998 y estuvo tres años y medio en Portugal, cubre otra baja en quirófano. Desde el 2007 acumula más de 400 contratos. Víctor y Daniel llevan ejerciendo nueve años y trabajan «cuando nos llaman» porque están en la lista pull, como sus compañeros. Víctor también figura en la lista especial de Hemodiálisis, y Daniel, que lleva más de mil contratos, en la especial de Urgencias.

¿Por qué se hicieron enfermeros? Era la carrera que quería estudiar Lorenzo. Víctor tenía como primera opción Fisioterapia, y Eduardo y Daniel, Medicina. Aunque no entraron en esas titulaciones, ninguno de los tres se arrepiente de haber cursado Enfermería. Coinciden todos en que es una profesión muy vocacional y que les gusta a pesar de la precariedad laboral. «Lo que se hace ahora con contratos de un día o incluso medio día no pasó nunca y al final todo eso repercute en la calidad asistencial, cuando los enfermeros gallegos y españoles están muy bien valorados fuera», remacha Lorenzo.

Aunque fueron minoría ya en la carrera y hoy están en amplia minoría en casi todos los servicios sanitarios -en algunos solo hay un hombre-, no sienten que la suya sea una profesión «de mujeres». «Los compañeros saben cómo trabajamos», dicen. Explican que Urgencias del hospital Montecelo es uno de los servicios con más varones, aunque sigue habiendo más mujeres. En cuanto a la relación con los pacientes, la reacción al ser atendidos por un hombre, subrayan, depende de la edad.

«Las cosas poco a poco van cambiando. Tampoco ayuda el hecho de todos vayamos vestidos de blanco, hasta el cura», señala Víctor entre risas. Es una de las cosas que le piden a la Xerencia, que cuando cambie los uniformes del personal opte por colores distintos para diferenciar a cada profesional, algo que sí está vigente en otros hospitales públicos gallegos y ellos creen que ayudaría a evitar despistes. En el caso de enfermos que superan los 70 años es bastante habitual que confundan a los enfermeros con celadores o con médicos. Un comentario recurrente, apuntan, es cuando al saber que son enfermeros les preguntan: «Y tú, ¿no quieres seguir estudiando para ser médico?».

Los cuatro han vivido una situación que también parece repetirse: algún paciente que se negó a que lo atendiera un enfermero hombre. Si la carga de trabajo lo permite y ven que el enfermo lo está pasando mal por ese motivo se lo piden a alguna enfermera. Pero hay veces en que la falta de personal y la actividad hace que no sea posible «y es lo que hay». «Hace años había una norma no escrita que decía que a los pacientes hombres los rasuraba un celador, y a las mujeres, las enfermeras. Pero eso cambió, hoy hay celadoras y enfermeros», argumenta Daniel.

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