28 may. 2016

Alza en las enfermedades crónicas, más demanda en enfermería


El mercado del cuidado personalizado, de manera paralela a las otras ramas de la industria de la salud, continúa su ritmo de crecimiento "gracias" a la proliferación de enfermedades crónicas.

Cluster Salud. Un reporte de Transparency Market Research evidenció un alza en la demanda por enfermeros especializados, dado el envejecimiento de la población y la consecuente expansión de enfermedades crónicas como la demencia y el Alzheimer.

Pero este crecimiento no es transversal. El servicio de enfermería domiciliaria ha mostrado un decrecimiento debido al estigma social que se le asocia y al alto costo que significa para los clientes, al ser un cuidado personalizado.

En términos geográficos, el continente que ha mostrado una mayor demanda por enfermeros ha sido Norte América, en concordancia con su avanzada infraestructura en salud, la creciente concientización respecto a la importancia de esta profesión y su quehacer y un marco regulatorio bien definido y ordenado. Europa le sigue, y Asia representa un mercado promisorio -para inversores- en este ítem, gracias a una mejora en sus instalaciones de asistencia médica, y un creciente turismo médico entre China e India, lo que potencia el mercado en estas naciones.

Según un estudio (2014) del Departamento de Salud y Servicios del gobierno estadounidense, para el año 2025 harán falta aproximadamente 7 mil enfermeros en el estado de Washington, 13 mil en Colorado y 28 mil en Arizona. Un déficit que grafica la necesidad de preparar -y rápido- más enfermeros calificados y así evitar esta "sequía" en la profesión en 10 años.

Esta falta se complica aún más si consideramos que el número de profesores calificados para entrenar a nuevos profesionales está a la baja, complicando aún más el objetivo. Parte de lo que denuncia la publicación de The Texas Tribune lleva relación con ítems como la edad, donde el promedio de edad de los enfermeros con posgrado -y por ende con preparación para enseñar- es 56 años, a solo un par de años del retiro. Por otro lado, la diferencia en los sueldos tampoco es estimulante para dedicarse a la docencia, al contrario. El salario promedio de un practicante en una institución de salud bordea los US$ 91.000, mientras que de profesor asistente no alcanza los US$ 74.000.

A lo anterior se suma el que la enfermería se está haciendo más compleja: nuevos fármacos, dietas, rutinas deben de ser aprendidos por sus profesionales, quienes -a la vez- se encuentran con pacientes y familias empoderadas y con el impacto creciente de dispositivos de m-health o control a distancia. Deben adaptarse a todo ello, sin perder su valor central: la capacidad de percepción clínica y práctica para prevenir y mitigar crisis. Todo ello, sin olvidar la empatía del cara a cara.

Por ello, el déficit es cada vez mayor. En otras latitudes, incluso ha sido necesario buscar profesionales fuera de las fronteras. Por ejemplo, este mayo, el gobierno japonés le solicitó al estado de Manipur -en India nororiental- 15 mil enfermeras para que realicen su trabajo en la potencia asiática, considerando la buena reputación de las profesionales y la creciente demanda en Japón.

Un panorama, que de no tomar medidas, le podría pasar la cuenta a los países desarrollados. Y a muchos de desarrollo medio, como los de Sudamérica.

 

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