A días de comenzar mayo, mes en el que se conmemora internacionalmente a la enfermería, la Argentina vuelve a enfrentarse con una verdad incómoda: mantiene una deuda profunda y persistente con uno de los pilares esenciales del sistema sanitario.
Hablar de enfermería no es hablar solo de hospitales o guardias. Es hablar de quienes sostienen el cuidado cotidiano, acompañan procesos críticos, contienen a pacientes y familias, ejecutan tratamientos, previenen complicaciones y garantizan la continuidad asistencial. Sin embargo, pese a su rol estratégico, el sector continúa atravesado por salarios insuficientes, precarización laboral, sobrecarga horaria, multiempleo y escaso reconocimiento profesional.
Las consecuencias ya son visibles. Cada vez cuesta más atraer y retener talento humano en enfermería. Muchos profesionales migran hacia otros sectores o al exterior, mientras otros abandonan áreas de alta exigencia por desgaste físico y emocional. Las unidades de terapia intensiva, emergencias, neonatología, cuidados coronarios y servicios críticos son hoy las más afectadas.
Cuando falta personal capacitado en estos espacios, no solo se resiente la organización interna de los hospitales. También aumentan los tiempos de espera, se sobrecarga al personal disponible, se debilita la seguridad del paciente y crece el riesgo de eventos adversos. En términos concretos: se eleva la morbilidad y la mortalidad evitable.
No alcanza con homenajes simbólicos ni mensajes de ocasión. La enfermería necesita decisiones políticas sostenidas y urgentes. Entre las medidas concretas que deberían ocupar el centro de la agenda sanitaria se destacan:
- Jerarquización profesional efectiva.
- Salarios acordes a la responsabilidad y formación.
- Pase a la carrera profesional programada.
- Estabilidad laboral y fin de la precarización.
- Dotación segura de personal según demanda asistencial.
- Formación continua y especialización en áreas críticas.
- Programas de cuidado de la salud mental y prevención del burnout.
- Participación activa de enfermería en la planificación y gestión sanitaria.
Un sistema de salud no colapsa únicamente por falta de insumos o presupuesto. También colapsa cuando descuida a quienes lo sostienen cada día con conocimiento, vocación y esfuerzo.
Mayo debería ser mucho más que una fecha conmemorativa. Debería convertirse en una oportunidad para saldar, de una vez, la deuda pendiente con la enfermería argentina.
Lic. Sandro Ortega
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