24 jun. 2012

Sus manos se manejan entre yesos, huesos y músculos

Sus manos se manejan entre yesos, huesos y músculos

Sergio y Juan Manuel Mayo, en ramas próximas de la amplia copa del árbol sanitario

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Sergio y Juan Manuel Mayo han estado vinculados al deporte y ahora a Portomarín ÓSCAR CELA

Enfermería y Magisterio fueron tradicionalmente las dos profesiones netamente femeninas, característica que en Lugo se acentuaba porque eran casi exclusivamente las dos únicas salidas que tenía una mujer (los hombres también tenían la alternativa de ser curas, mecánicos o peritos mercantiles). Juan Manuel Mayo Romero optó por hacerse auxiliar técnico sanitario, con la particularidad de que no es nativo de esta provincia, sino un muradano que estudió en Santiago.

«Eu son das primeiras promocións nas que se rexistrou unha gran incorporación de homes, pero aínda hoxe seguen sendo maioritarias as mulleres», dice. Tiene una explicación: cuando se matriculó en 1997, acababan de agrupar bajo el nombre de ATS dos profesiones que habían convivido separadas, la de enfermería, casi exclusivamente femenina, y la de practicante, masculina. Dice que llegó a la profesión porque le pareció una buena salida laboral, más que por vocación, que se va adquiriendo con la práctica y la experiencia. «Tomei unha decisión da que nunca me arrepentín», resume Juan Manuel.

Total, que cuando acabó aprobó unas oposiciones y se vino a Lugo a trabajar al Hospital de San José, donde pasó 31 años, hasta que con el traspaso de los hospitales al Sergas, formó parte del personal que se trasladó al Hula hace casi dos años. Desde hace 20 años es profesor de anatomía en la Escola de Enfermería de Lugo y va por el tercer plan de estudios. Durante la mayor parte de esas dos décadas la titulación fue ATS, bajo la que también estudió él; después llegó la época de la diplomatura en enfermería, y el próximo año saldrá la primera promoción de graduados en enfermería.

Desde que comenzó a trabajar hasta la actualidad se registraron unos cambios notables, tanto en los medios como en las técnicas. El abanico de funciones se fue ampliando, pero también sufrió acotaciones, porque se desgajaron especialidades que se convirtieron en profesiones autónomas, con estudios específicos.

Precisamente, una de estas es la que tiene su hijo, Sergio Mayo Zubiela, fisioterapeuta. El padre matiza que pudo haber influido en la profesión de Sergio, pero en todo caso fue involuntariamente. «É máis, a súa nai e máis eu viamos nel un futuro bo cociñeiro, porque tiña unhas doces excepcionais para a cociña, pero agora tamén é un bo fisiotrapeuta e aue orientareino todo o que poida para que siga mellorando», dice.

Sergio trabaja en el sector privado, por las mañanas en una residencia de la tercera edad que tiene una fundación en la zona sur de la provincia. Por la tarde tiene una clínica propia de fisioterapia en Portomarín. En la elección del lugar tuvo algo que ver el padre. «Sergio tiña previsto abrila en Paradela, porque a súa muller é de ali, pero eu díxenlle que tivese en conta que Portomarín é un importante lugar de parada no Camiño de Santiago».

Curiosamente, una parte importante de su clientela es de la zona de Paradela y entre los peregrinos es dónde más está notando la crisis. Asegura que peregrinos hay más que nunca, incluso que en un Xacobeo, pero ya no acuden al fisio por moda o como prevención, sino cuando tienen algún problema muscular importante que les dificulta seguir caminando.

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