Enfermería dividida

Por si no hubiera demasiados agentes sanitarios que demandan voz y voto en el eternamente pendiente proceso de reforma sanitaria, van los representantes de la Enfermería, deciden acudir al Ministerio por separado, y obligan a la ministra Mato a repetir un mismo acto para una sola profesión. La irrefutable prueba de la división han sido dos fotografías institucionales que dan fe de que las forzadas sonrisas de sus protagonistas son directamente proporcionales al fracaso de su obligación como representantes, que no es otra que buscar con denuedo y a toda costa la unidad de acción.

En esta ocasión, tanto monta, monta tanto, Consejo General que Satse, Satse que Consejo General. Ninguna de las dos organizaciones, con cientos de miles de profesionales bajo su paraguas representativo, han sido capaces de dejar las diferencias a un lado y hacer un esfuerzo de generosidad para dar con un espacio común en el que todos, colegios y sindicatos, puedan sentirse incluidos sin renunciar por ello a las especificidades de cada cual. La fractura no sólo ha sido visual, sino también en el contenido, con dos acuerdos marco, uno para cada interlocutor, hecho a la medida de las inquietudes y prioridades de cada cual, aunque al final, sean más o menos las mismas. ¡Vaya una manera de malgastar recursos y energías!

Los médicos, colectivo poco dado a ser ejemplo de casi nada en sus manifestaciones corporativas, han dado en esta ocasión una soberana lección de sensatez a la Enfermería. El Foro de la Profesión Médica es un evidente logro de la cordura y el posibilismo de los médicos, convencidos, todos, de que juntos es más fácil hacer un camino tan complicado como es la defensa del colectivo en tiempos tan turbulentos como los presentes. Y este paso no implica que no persistan las diferencias entre sus representantes, porque tiene que haberlas y porque es bueno que las haya. Lo contrario sería empobrecer al colectivo.

Pues Enfermería no ha seguido este ejemplo. La explicación es diversa: un desencuentro proverbial entre el presidente González Jurado y la directiva de Satse; maniobras para reducir la representatividad de la otra organización, en definitiva, falta de sintonía personal, no sólo entre los líderes, sino también entre sus propios equipos de confianza. Al menos Satse parece que no renuncia a constituir un foro aglutinador, aunque el intento puede que llegue ya tarde porque otros colectivos, que no se sienten bajo la órbita colegial ni sindical, han comenzado a posicionarse. Algunos se han constituido en un autoproclamado Foro de la Profesión Enfermera, que aspira a disponer de su minuto de gloria y que es otra prueba más de que hay sensibilidades en el colectivo que no están suficientemente integradas ni representadas.

Por su parte, el Consejo General no parece inmutarse lo más mínimo y de puertas afuera trata de ningunear cualquier iniciativa en defensa de la profesión que no provenga de las corporaciones. Esa visión exclusivista -compartida en privado por no pocos representantes colegiales, y no solo enfermeros- de la supremacía representativa de los colegios solo puede llevar a la profesión a un callejón sin salida para sus intereses. No hay otro remedio que buscar vías de entendimiento y encontrar líderes que sepan construir espacios de consenso y de natural sintonía entre los diversos actores. Y si en la enfermería ahora mismo no hay este perfil de líder integrador y conciliador –y a los hechos nos remitimos-, entonces no habrá más remedio que buscarlo. Y los primeros que se tienen que poner a esa tarea son los propios enfermeros.

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