28 feb. 2017

La aventura de conocer otra realidad

Enfermeras para el Mundo cumple 17 años. A algunas voluntarias de las Islas la experiencia les ha cambiado la vida.

Enfermeras Para El Mundo (EPM) es una organización no gubernamental (ONG) que nació en 1996 con un objetivo claro: "Dar cabida a la enfermería en el mundo de la cooperación al desarrollo", explica Raquel Villalobos, técnica de proyectos de la ONG en Canarias. Creada por la Organización Colegial de Enfermería, en este tiempo EPM ha beneficiado a más de cinco millones de personas.

Desde sus inicios hasta ahora, los proyectos de la organización se han centrado en mejorar la salud de la población, con voluntariado nacional e internacional. Dentro del voluntariado internacional destaca el Proyecto VOLIN, en cuya última edición participaron dos enfermeras que trabajan en las Islas, Cristina Bravo y Nuria Rodríguez, que definen la experiencia como toda una aventura de enriquecimiento personal y profesional.

En todos los proyectos, EPM suele trabajar la atención primaria, no solo al reforzar los sistemas públicos a través del personal local, sino también mejorando las infraestructuras y los equipamientos. "Trabajamos también la educación para la salud de la población, asesorándoles sobre la salud materno-infantil y la prevención de enfermedades endémicas", cuentan. Otro de los objetivos de la ONG es sensibilizar a la comunidad sobre la violencia de género y reforzar la formación del personal sanitario para que pueda identificar los casos de violencia y el tratamiento que debe dar a las víctimas.

La labor de EPM se resintió cuando comenzó la crisis, ya que su principal fuente de ingresos es la financiación pública -autonómica y local-, por lo que el número de proyectos en ejecución se redujo. También tiene financiación privada, en menor medida, procedente de socios, colaboradores o acciones de marketing que realizan de forma puntual para recaudar fondos. Aunque los fondos siguen siendo reducidos, su situación ha empezado a mejorar este año.

A pesar de los recortes, el año pasado llevaron a cabo la decimoséptima edición del Proyecto VOLIN. Para este tipo de proyectos, seleccionan los países en función del Índice de Desarrollo Humano que presentan. "Intentamos trabajar donde más necesidad hay".

Allí se centran en conseguir que se cumplan los derechos humanos, especialmente en el ámbito de la salud, "y potenciar todo lo que tiene que ver con el empoderamiento de la mujer", añade Raquel.

Las enfermeras Cristina Bravo y Nuria Rodríguez participaron en un proyecto de cooperación al desarrollo en ciudad de Guatemala. Allí impartieron dos cursos, uno de formación en cuidados de geriatría y otro de primeros auxilios. La mayoría de los alumnos eran mujeres, aunque también había hombres de todas las edades y con un nivel de estudios variado. "Desde personas que apenas sabían escribir hasta personas tituladas, el rango era muy abierto", cuentan.

De su experiencia, Nuria reconoce que "es una realidad tan distinta a la habitual que todo lo que ves impacta". A pesar de la desigualdad socioeconómica que hay, destaca "lo agradecida que es la gente". Lo que más sorprendió a Cristina es que a pesar de la delincuencia que hay en la zona, la gente es feliz. "Te decían que salían de casa sin saber si iban a volver".

Los comentarios y la actitud de los locales les sorprendían continuamente. "Nos llegaban alumnos a clase y nos decían yo llego aquí todos los días con una sonrisa pero nadie sabe que vengo sin comer, porque no tengo qué comer", recuerda Nuria.

Durante el curso, un alumno vendía fiambreras y otras alumnas hacían comida para "sacar un dinero extra" y, aunque necesitaban ese dinero, las chicas les preparaban la comida a ellas todos los días, como muestra de agradecimiento. El alumno también les obsequió con un recipiente a cada una, y cuando ellas le preguntaron si podía permitirse el regalo, demostró su bondad con su respuesta. "Me dijo: yo no tengo mucho, pero ustedes están dando mucho para venir aquí, así que yo lo único que puedo dar es lo poquito que tengo", comenta Nuria. Las enfermeras cuentan que tal era la gratitud que sentían sus alumnos que cuando se despidieron el último día del curso les dieron regalos y tarjetas hechas a mano.

Para hacer este tipo de viajes hay que estar muy convencido, aunque siempre hay algún tipo de miedo o reservas para tomar esta decisión. En el caso de Cristina era "la inseguridad". "Uno va voluntario, pero no a jugarse la vida", explica. Sin embargo, una vez pasaron los primeros días ese miedo se disipó un poco, no solo por el respaldo de la ONG, sino porque los socios locales las cuidaron muchísimo. "Era como si tuviésemos a nuestros padres y abuelos allí". El principal temor de Nuria era no cumplir con las expectativas de los alumnos. "Lo que más me cuestioné era si iba a ser capaz de dar todo de mí". El hecho de que fueran las pioneras en este proyecto también asustaba, ya que no contaban con la experiencia de otros compañeros. "Íbamos a la aventura", explican. Pero a pesar de los temores que pudieran tener, el voluntariado era prioritario. "Son más importantes las ganas que tienes de ir".

Agradecen al Colegio de Enfermería de Santa Cruz de Tenerife que les haya brindado esta oportunidad, de la que se llevan no solo la experiencia, sino las vivencias personales. "Uno va desinteresadamente, pero es verdad que te traes el cariño de un montón de personas". Consideran que hay un antes y un después del viaje. "Esto te cambia, descubres capacidades que pensabas que no tenías". Ahora que han sido testigos de una realidad tan dura, las quejas que oyen a diario no las encajan del mismo modo. "Nosotros aquí nos preocupamos por nimiedades".

Aseguran que cuando realizas voluntariado no eres consciente de lo que puedes influir en la vida de otro, hasta el punto de cambiar su rutina. Una de las alumnas decidió, gracias a ellas, retomar sus estudios en enfermería.

Respecto a si volverían a viajar, no tienen dudas. "Vivida la primera experiencia, tienes ganas de repetir". Ambas consideran que es totalmente recomendable. "Engancha, por supuesto que lo recomiendo, y no solo a enfermeras sino a cualquier persona".

Proyecto VOLIN

El proyecto VOLIN es un programa de voluntariado internacional en el que los enfermeros y enfermeras pueden experimentar el voluntariado en un proyecto de cooperación al desarrollo. Se preseleccionan los socios locales, el alojamiento y el trabajo que se realizará, y luego se seleccionan los enfermeros candidatos, que harán un curso de formación previo al viaje. Realizada la experiencia, se evalúa el programa para detectar las fortalezas y debilidades, y se ofrece a los participantes realizar actividades de sensibilización a la población en España.

Quiénes pueden participar

Enfermeros y enfermeras titulados con un mínimo de 21 años y experiencia profesional. Se valora la formación en cooperación al desarrollo y el voluntariado, así como experiencia con otro tipo de ONG.

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