Enfermeras y celadores son los profesionales con mayor riesgo de infectarse de tuberculosis

El Colegio de Médicos premia un estudio sobre 15.018 pruebas hechas a profesionales ourensanos

El servicio de Medicina Preventiva del CHUO realiza a todos sus trabajadores la prueba de Mantoux para determinar si están infectados de tuberculosis, una de las enfermedades transmisibles a las que pueden estar expuestos. «La tuberculosis es lógicamente para nosotros una enfermedad profesional, aunque dadas las características de esta patología es muy complicado establecer esa relación o vínculo porque la mayor parte de las personas contagiadas no enferman en ese momento; es como una bomba de relojería y se puede activar años después, incluso ya estando jubilado», explica Berta Uriel, la actual jefa de servicio. Ella es la autora de un trabajo orientado a fijar una estimación de ese riesgo que acaba de ser reconocido con un accésit del Premio Cabaleiro Goás, que otorga el Colegio de Médicos de Ourense.

Para su realización ha analizado 15.018 pruebas realizadas a los trabajadores entre 1987 y 2016. «La información que se analiza forma parte de un proceso ordinario de funcionamiento del plan de prevención de riesgos laborales. Nosotros hacemos la pruebas de tuberculina a cada persona que empieza a trabajar, para saber si está infectado; y si no lo está se le repite cada año la prueba con el objetivo de detectar infecciones latentes precoces porque, aunque en ese estado no son contagiosas para otros, el trabajador se pueden beneficiar del tratamiento preventivo que se les ofrece para que la posibilidad de desarrollar la enfermedad a lo largo de su vida sea menor», explica la responsable del servicio.

Además de esos controles rutinarios, también se hacen pruebas «cada da vez que se sabe que ha habido una exposición por algún paciente del que en principio no se sospechaba que pudiera tenerla, y que por tanto no estuvo con las condiciones de aislamiento», amplía. En los últimos treinta años de seguimiento se han detectado 597 nuevas infecciones y una decena de casos de trabajadores que desarrollaron la enfermedad.

 

Descenso de la incidencia

Una de las conclusiones que la autora extrae del análisis es que el riesgo de infectarse entre los que trabajan directamente con pacientes es en torno a un 10 % superior que el de otros profesionales de la plantilla. Cabe recordar que las pruebas de control se planteaban para toda la plantilla, desde personal de mantenimiento a servicios administrativos o dirección. Pero la diferencia entre unos y otros no siempre fue tan pequeña. «Los sanitarios llegaron a tener hasta a un 50 % más de probabilidades de contagiarse que otros trabajadores», señala. Destaca también que la enfermería y los celadores presentan un índice ligeramente superior al de los médicos.

Entre las conclusiones que se extraen del trabajo, Uriel destaca que «efectivamente se identifica un pequeño riesgo laboral que está en relación, a lo largo del tiempo, con el número de casos que hay entre la población en general y de ingresados en el hospital». La médica relata que la evolución «ha sido decreciente, como también lo es la tuberculosis en el resto de la población, pero el porcentaje de descenso ha sido incluso mayor entre los profesionales sanitarios que en el resto de la ciudadanía». Una de las explicaciones que encuentra a ese mayor descenso es el propio programa preventivo. «Estamos actuando desde el 87 y en ese tiempo hemos ido estableciendo protocolos para el aislamiento de enfermos cada vez más rigurosos», señala.

Lo que no aclara el estudio es si la incidencia de la enfermedad es distinta entre quienes trabajan en el medio sanitario que en el resto de la población. «No podemos demostrarlo», señala Berta Uriel. La razón está en la falta de datos fiables sobre el alcance real en la sociedad. «Los datos de las personas que han desarrollado la enfermedad nos los proporciona la Unidad de Tuberculosis, pero no se puede olvidar que no están todas registradas; es una patología que antaño tenía un estigma importante. Hay estimaciones, pero son no ajustadas desde un punto de vista científico, porque no se tienen en cuenta parámetros que pueden influir, como la edad. La población general, y más aquí en Ourense, y la que trabaja en el ámbito sanitario, no son muy comparables en aspectos como ese», señala Sin esos ajustes, según matiza «los datos de la enfermedad no reflejan mayor incidencia entre los sanitarios, más bien al contrario».

Asentando el nuevo modelo predictivo para detectar el cáncer colorrectal

Otro trabajo que podrán conocer esta tarde los ourensanos interesados, además de los que se han llevado el premio y el accésit del Cabaleiro Goás, es el de Mejor Publicación. El artículo seleccionado, titulado «Desarrollo y validación externa de un modelo de predicción basado en pruebas inmunoquímicas fecales para la detección del cáncer colorrectal en pacientes sintomáticos», cuenta entre los autores con Joaquín Cubiella, del servicio de Digestivo del CHUO e impulsor del nuevo sistema de cribado de cáncer colorrectal entre la población sana que ha puesto en marcha el Sergas en toda Galicia. El trabajo premiado también aborda la utilidad de esta prueba para detectar este tumor, pero en este caso los pacientes objeto del estudio son pacientes sobre los que existía sospecha de enfermedad. El trabajo, que fue realizado dentro del grupo de Oncología de la Asociación Española de Gastroenterología, al que pertenece Cubiella, abarcó a 1.572 pacientes enviados a colonoscopia y otros 1.481 con síntomas digestivos que sirvieron para validar resultados.

Las variables que influyen en que nos convirtamos en dependientes

El Colegio de Médicos de Ourense abre hoy su sede al público para que conozcan el resumen de los trabajos que han sido premiados por la entidad. El galardón principal, que lleva el nombre de Cabaleiro Goás y ya cumple su 32 edición, ha recaído en un análisis de las variables predictoras de la dependencia y la discapacidad. Lo ha realizado un equipo multidisciplinar de trabajadores del sistema sanitario en la ciudad, que abarca desde médicos y enfermeras a administrativos, que han estudiado la evolución de un grupo de mayores desde el año 2001. El grupo inicial fueron 150, con una media de 73 años, que quedó reducida a 88 en la última fase del estudio, en la que el colectivo tenía una media de 81 años.

El trabajo determina que, al margen del deterioro lógico por el avance de la edad, en el desarrollo de una mayor o menor dependencia influyen otros factores, en ocasiones fácilmente subsanables como el poder disponer de ayuda para algunas tareas de la vida diaria o un audífono que evite el aislamiento. «El 73% de los casos solo necesitan ayuda para una tarea diaria», apunta María José Fernández. El estudio también destaca el sentimiento de soledad o de ver la vida como algo aburrido, como factores que desarrollan más dependencia.

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