Mi sanidad no se vende, se defiende

Hospital esperanza, donde el arte devuelve la vida a los niños enfermos

Alguien a nuestro alrededor se encuentra muy mal. Después de varias horas esperando a que se le pase ese malestar por si solo, decide ir al hospital. Se acerca a urgencias y una multitud está en la sala, esperando a ser atendidos bajo caras de dolor, miedo y enfado… Van saliendo sanitarios que se van llevando a pacientes, pero nuestro protagonista sigue esperando.

Se oye un golpe fortísimo, enfermeros corriendo, celadores viniendo, médicos que salen de sus salas para mirar que ha pasado. Hay pacientes nerviosos y administrativos sin dar a basto. ¿Qué ha ocurrido? Se ha caído un techo del hospital que se encontraba en la planta de ingresados. Hay pedazos de techo por todas partes. Decoran el panorama de hacinamiento de pacientes en las plantas, unos en sillas, otros en camas, otros de pie, no hay espacio. 

Mayores y niños, enfermedades distintas, no hay distinción ni clase VIP para esto. Nuestro paciente sigue esperando y observa que sólo hay dos enfermeras de urgencias, para todo un hospital público. Cuando le toca su turno le hacen distintas pruebas, y por algún motivo que aún no conoce, le mandan una medicación y que vuelva para realizarse otras pruebas médicas con cita. Esa cita sale para dentro de meses. ¿Operaciones? Meses también. A todo esto, la luz se ha ido en el hospital y no se sabe si volverá pronto, tarde, nunca, o en 30 segundos. Imaginad que ese paciente es un niño, o una mujer que tenga antecedentes de cáncer de mama, y la lista de espera esté en unos 6 meses… No hay que imaginar mucho, es la realidad

Pero aún así hagamos que nos lo imaginamos y que no es lo que ocurre día a día en los hospitales públicos. Nos enfadamos, claro, ¿ pero con quién? Puede que con el mundo, con el médico, puede que con los sanitarios que te han atendido de la mejor manera posible con una lista en la pantalla de más de 100 personas para hacer radiografías o con más de 30 resonancias magnéticas citadas para una mañana, sin contar las que vengan de Urgencias. También puede que el enfado lo pague la administrativa de la admisión que da las citas, o la enfermera que pasa corriendo de un lugar a otro porque la alarma de un paciente de la planta lleva sonando cinco minutos y no sabe qué ocurre ya que estaba atendiendo a otro paciente. 

Pero entonces, ¿por qué es tan valorada nuestra sanidad? Porque aquel que te hizo las pruebas de radiología, las hizo con un techo vencido, con material que no es el que desearíamos los sanitarios, con salarios penosos, con una lista de trabajo que hace que aprendas a volar y olvides qué es caminar, de la mejor manera y con la mejor sonrisa. Esa enfermera que no puede junto con su compañera con la urgencia te atendió a la velocidad de la luz, pero lo hizo, y bien, ve cómo está colapsada y lo que no llenan son el personal. El médico que te atendió lo hizo a sabiendas que todos aquellos que pasan por sanitarios también van a pasar por él, los tiene que atender y tiene que dar con la causa justa. 

Esa administrativa que te dio esa cita tan mala, te la dio no sin antes mirar todos los huecos posibles para que seas atendido lo antes posible, pero no hay huecos, sabe que la mala cara y el enfado se lo va a tener que tragar, y aún así te atiende también de la mejor forma y buscando la mejor solución.

Nuestra sanidad es la mejor porque la formamos nosotros. El hospital puede caer, puede abandonarse, puede dejarse carcomer, pero no nosotros,el corazón de aquel edificio que abandonan y no restauran. Los materiales quedan obsoletos pero aun así les damos uso y un uso excelente, para que nadie note nada y tenga el mismo efecto que el mejor material que haya en el mundo.

Nuestra sanidad nunca se va a vender porque los que trabajamos en esto lo hacemos con verdadera y absoluta vocación, lo hacemos y lo haremos siempre, pero no vamos a permitir que se prolonguen estas situaciones mucho más. Hay que defender lo mejor que tenemos en este país, nuestra sanidad, sin ella no tenemos nada.

Tanto los que trabajamos como los pacientes tenemos que sacar adelante la sanidad pública. Que no os engañen: no se invierte, no se restaura, esos millones que de repente un día anuncian que se han invertido, ¿ónde están? No están… al menos en nuestra sanidad pública madrileña, esa la realidad de lo que ocurre todos los días en distintos hospitales de la capital. 

Se está abandonando cada vez más ese edificio que un día salvo la vida a muchos de los que hoy están gobernando en este país, a muchos de los que hoy cotizan a la seguridad social, a muchos de los que contribuyen a que el motor siga funcionando… y muchos que a veces, aunque sea con escombros de techo alrededor nos regalan una sonrisa a los que estamos tras esa sala corriendo porque detrás de ti hay 100 pacientes más. Todo por la mala organización que nos ha traído las tonterías de los distintos gobiernos que hemos tenido.

Comentarios