8 feb 2026

Enfermería viene resistiendo en silencio

Enfermería viene resistiendo en silencio una carga que ya lastima el cuerpo y el alma. Día tras día, miles de enfermeras y enfermeros se levantan aun cuando el cansancio pesa más que ellos mismos, aun cuando la desmotivación golpea fuerte, aun cuando sienten que su vocación —esa que un día los hizo elegir cuidar— se ve ahogada por la sobrecarga y la falta de reconocimiento.
En Argentina, la falta crónica de profesionales ya no es una preocupación futura: es una herida abierta. Cada guardia desbordada, cada turno extendido, cada cama más para atender, significa un corazón que se esfuerza un poco más allá de sus límites. Y, sin embargo, seguimos ahí. Porque detrás de cada paciente hay un rostro, una historia, un abrazo pendiente. Porque el cuidado no es un trámite: es humanidad pura.
Pero incluso la vocación más noble necesita sostén. Necesita condiciones dignas. Necesita que alguien la cuide también. Hoy, el sistema sanitario se sostiene en manos agotadas que merecen algo más que gratitud: merecen justicia, respeto y políticas que protejan su salud física, emocional y económica.
Por eso, el colectivo de enfermería pide con urgencia una mesa de diálogo social. No para exigir privilegios, sino para pedir lo imprescindible: medidas reales que alivien la carga, que eviten que más colegas se quiebren, que nos devuelvan la posibilidad de cuidar sin destruirnos.
Porque cuando la enfermería cae, no caemos solos: se debilita toda la sociedad. Y todavía estamos a tiempo de evitarlo.
8 de febrero de 2026
Lic. Sandro Ortega


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