La enfermería no puede esperar más: un llamado urgente a la dirigencia política, sindical y académica
La crisis de la enfermería ha dejado de ser un problema sectorial para transformarse en una amenaza concreta para la sostenibilidad del sistema de salud. Sin embargo, pese a las advertencias de organismos internacionales, las señales de alarma parecen no ser escuchadas con la seriedad que la situación exige.
Mientras la Organización Mundial de la Salud advierte sobre un déficit global de 5,8 millones de enfermeras y enfermeros y proyecta una escasez superior a los 6 millones para el año 2030, en nuestro país miles de profesionales enfrentan desempleo, precarización laboral, salarios insuficientes y una creciente pérdida de expectativas respecto de su futuro profesional.
Los datos son contundentes. Más de la mitad de los trabajadores relevados no logró reinsertarse laboralmente, mientras que muchos de quienes continúan ejerciendo lo hacen bajo modalidades precarias, sin estabilidad, sin carrera profesional y sin las garantías mínimas que merece una disciplina esencial para la atención de la salud.
Ante este escenario, resulta imposible no preguntarse: ¿qué están haciendo quienes tienen la responsabilidad de planificar, legislar, representar y formar a los futuros profesionales?
Este es un llamado a los legisladores nacionales, provinciales y municipales para que impulsen políticas públicas que reconozcan a la enfermería como un recurso humano estratégico para la salud.
Es un llamado a las organizaciones sindicales y gremiales para que fortalezcan la defensa de los derechos laborales, la estabilidad y el reconocimiento profesional de quienes sostienen diariamente el sistema sanitario.
Es un llamado a las universidades, institutos superiores y centros de formación para que participen activamente en la construcción de una agenda común que permita jerarquizar la profesión y garantizar condiciones que hagan atractiva la elección y permanencia en la carrera.
Es un llamado a los responsables de la gestión sanitaria para que comprendan que no habrá cobertura universal, atención de calidad, prevención efectiva ni respuesta adecuada ante emergencias sin una enfermería fortalecida.
La realidad demuestra que no alcanza con discursos de reconocimiento durante una pandemia, una catástrofe o una emergencia sanitaria. El reconocimiento debe traducirse en hechos concretos: empleo digno, salarios justos, desarrollo profesional, condiciones seguras de trabajo y participación en los espacios donde se toman decisiones que afectan al sector.
La enfermería no reclama privilegios. Reclama ser escuchada.
Porque cuando faltan enfermeras y enfermeros no solo pierde una profesión; pierde el sistema de salud en su conjunto y, fundamentalmente, pierde la comunidad.
Todavía estamos a tiempo de revertir esta situación. Pero el tiempo de los diagnósticos ya pasó. Es hora de las decisiones.
Lic. Sandro Ortega
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