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Las enfermeras de Maracaibo ARRIESGAN LA VIDA cada noche (Especial NAD)

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Hospital Materno Infantil de Maracaibo
La violación y el asesinato de Marisa Belleza Velásquez deja al descubierto el terror que viven a diario las enfermeras de Maracaibo.

Las enfermeras constituyen un importante espacio en la sociedad, más porque se trata del esfuerzo que emprenden cada día en el cuidado de la salud de las personas, sin importar los horarios, laboran en turnos de día y hasta altas horas de la noche. Sin embargo, no todo es ventajoso, pues la mayoría desconocen los momentos de riesgos tan inimaginables que acaece este grupo de mujeres que mantienen a diario una dedicación y entrega por el trabajo.
Experiencias difíciles percibidas por este grupo, desde ser agredidas por personas que quieren ser atendidas, violencia física, hasta ser víctimas de la inseguridad dentro de las instalaciones del centro de salud donde luchan constantemente para poder cubrir sus necesidades básicas.

Muchos creen que el único trabajo de las enfermeras en sencillamente atender a sus pacientes, pero la cruel realidad es que detrás de ese sacrificio se esconden anécdotas que conmueven e inquietan, dado que se exponen a mundo social tan deteriorado por la violencia, el hampa, todo conjugado en un solo nombre, como ellas dicen, “la inseguridad”.

Carolina Ojeda, enfermera con 14 años de experiencia

Un ejemplo contundente lo contó Carolina Ojeda, enfermera de 34 años que mantiene 14 años brindando cuidados de salud en el Centro Ambulatorio Francisco Gómez Padrón. En su labor de atender a la personas destaca la importancia de brindar dedicación y carisma a sus pacientes, aunque muchas veces tengan que sacrificar sus horas de trabajo por las distintas dificultades y hasta riesgos que pueden llegar a presentarse en momentos específicos de sus vidas.

Ojeda contó que se levanta a las cuatro y media de la mañana, para trasladarse desde el barrio El Pedregal hasta el ambulatorio. A diario vive con  el temor de ser víctima del hampa, sobre todo cuando le toca cubrir el horario nocturno: “hace días entregué guardia a las 9 de la noche y cuando salí a la calle todo estaba sólo y vi dos hombres que me perseguían, comencé a correr y me regresé al ambulatorio, afortunadamente no me hicieron nada, pero querían robarme”, comentó.

Por otro lado, Ojeda habló sobre los peligros a los que están expuesto dentro del ambulatorio y dijo que: “uno no sabe quién es quién, el que uno menos imagina viene con malas intenciones; hace como un mes un muchacho bien parecido entró y al rato le arrebató la cartera a una señora”.

Quizás la inseguridad está, hoy en día, en todos lados, por eso el temor de las enfermeras crece cuando al salir de casa pierden la certeza de si regresarán bien o no; más para estas mujeres que se arriesgan en esos centros de salud, donde en su mayoría no hay vigilancia, el acceso es a todo el público y el horario nocturno es “el de más peligro”.


Yomaira Pirela, enfermera con 20 años ejerciendo la profesión: "los peligros vienen por la inseguridad"

Otra historia donde el trabajo de las enfermeras se convierte en un riesgo, es la de Yomaira Pirela, de 49 años de edad. Con 20 años ejerciendo la profesión, hoy día labora en el ambulatorio San Miguel contó que a veces trabaja hasta las nueve de la noche: “me levanto a las 5 de la mañana para venir de la Urbanización el Soler, vía Perijá, hasta el ambulatorio”.

Pirela reclamó el hecho de que en ese centro de salud no se cuenta con vigilancia que las resguarde y además comentó un hecho que sucedió cuando dentro de esa institución secuestraron a la doctora Paola de Otobre, de procedencia italiana. Además, se refirió a un robo del que fue victima el pasado mes de abril: “estaba saliendo del trabajo a las siete de la noche y me monté en un carrito de Circunvalación 2 y nos quitaron todo y nos dejaron botadas detrás de los apartamentos de Amparo”.

Los horarios nocturnos son los de más rechazan las enfermeras, puesto que sienten pánico a que algo les pueda suceder dentro o fuera del lugar de trabajo, pero, sin embargo “el riesgo lo corren en todo momento”. Pirela hizo alusión a un caso violación que le ocurrió, el año pasado, a una enfermera recién graduada, de 22 años, mientras trabajaba en una jornada de vacunación en la parroquia San Isidro de Maracaibo: “andábamos en grupo, a pie, caminando por toda la zona y ella se desvió por otras casas para vacunar a las personas, luego la estábamos buscando porque nos parecía extraño que no aparecía y de pronto la vimos venir corriendo y sin ropa; las mismas personas de por ahí nos auxiliaron.  Por lo menos no la mataron” reseñó.

Son infinitas las historias que cuentan las enfermeras, los estragos que tienen que pasar para poder brindar un servicio digno de salud a las personas, y más aún, para sobrevivir económicamente. En el Hospital Materno Infantil, comentan las enfermeras que, a diario en las adyacencias e incluso dentro de la institución se presentan hechos de violencia del hampa que reina en los sectores cercanos al hospital.

Ufida Pérez, con 30 años ejerciendo la profesión de enfermería dice que: "en las afueras del hospital nos persiguen con picos de botellas"

Ufida Pérez, lleva 30 años ejerciendo su carrera como enfermera, con muchos acontecimientos qué contar por los años de experiencia en ese centro asistencial, narró que en el Hospital han sucedido hechos de enfrentamientos de bandas, un caso más especifico contó que: “hace unos meses una banda venía persiguiendo a otro delincuente y se metieron por el área quirúrgica con pistolas, amenazando a las enfermeras y a todo el personal, luego salieron por emergencia como si nada”.

En vista de que el peligro se hace más evidente en las noches a las afueras del hospital- aunque no escapan del riesgo dentro de las instalaciones-, Pérez ha tenido que contratar un transporte que la lleve a San Francisco, lugar donde reside, para no tener que salir hasta la parada a agarrar un carrito por puesto, debido a que por las faltas de alumbrado “todos es completamente oscuro y es cuando aprovechan para hacer de las suyas”.

Para las enfermeras del Materno Infantil la situación es bastante lamentable; dice Pérez que las enfermeras tienen que salir con un mínimo 2 bolívares en lo bolsillos porque llegan muchachos pidiendo dinero y si no les dan las persiguen con picos de botellas amenazándolas.

Es increíble que las drogas pase a formar parte del riesgo que representa el trabajo de ser enfermera. Pérez comentó que cuando van a las jornadas de vacunación en los barrios a muchas las han atracado; observan de cerca cómo en las casas llegan personas a comprar droga y lo más penoso es que reciben amenazas para que no digan nada.

Son precarias las situaciones que día a día tienen que enfrentarse las enfermeras que no hacen más que prestar un servicio de salud a las personas, debido a que viven a la expectativa de lo que sucederá. “Aquí nosotras estamos en la manos de Dios” comentan esperanzadas de que se les brinde seguridad en los centros de salud, además de un trasporte que las lleve hasta sus casas cuando los horarios laborales sean de noche.

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