2 may. 2011

MÁLAGA, España.-

Por atentado a la autoridad
Condenado a un año de prisión por agresión a un enfermero
«Me propinó dos puñetazos y me dio tres patadas. Me dijo que me iba a matar», dice la víctima
http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2011/04/27/condenado-ano-prision-agresion-enfermero/418183.html 
 «Estoy satisfecho. Lo más importante para mí era que este caso fuera ejemplarizante de cara a la sociedad. No se pueden arreglar las cosas a palos, con patadas ni con amenazas de muerte». Son palabras de I. G. S., enfermero de 32 años del Materno Infantil de Málaga al que los tribunales han respaldado en su denuncia por la agresión sufrida de manos del padre de un menor ingresado en el centro.

El agresor ha sido condenado por delito de atentado a la autoridad a un año de prisión y a una multa de 180 euros, informaron tanto el enfermero como el sindicato de enfermería Satse. Los hechos sucedieron el pasado miércoles 16 de febrero. Esa noche el enfermero I.G.S. se encontraba desempeñando su trabajo habitual en la UCI de Pediatría del Materno Infantil cuando el padre de este pequeño, que lleva hospitalizado ya más de dos años, insistía en que el médico visitara a su hijo.

A pesar de que el pequeño no presentaba «ninguna situación de emergencia», el enfermero avisó finalmente al pediatra que acudió a la habitación del menor. «Fui a cargar la medicación al filo de la medianoche, como es mi obligación, tanto para su hijo como para el resto de los pequeños», relata el enfermero. Cuando volvió a entrar en la habitación el padre «se avalanzó sobre mí y me dijo: ¡Desgraciado! ¡Que has abandonado a mi hijo!». «Me dijo que me iba a matar y que me iba a pegar dos tiros y también me propinó dos puñetazos en la mandíbula y tres patadas en la pierna, de lo que hay un parte de lesiones», explica el afectado, que desea dar carpetazo lo antes posible al asunto y volver a la normalidad.

Amenazas de muerte


«Yo me quedé bloqueado y cuando ya a mi mente le dio por pensar le dije que no sabía lo que acababa de hacer, que esto no se iba a quedar así y que iba a llamar a la policía. Y me volvió a reiterar que me iba a matar», comentó.
A partir de ahí se presentó la policía, se abrieron las diligencias pertinentes y ayer se celebró el juicio, resultando condenado el agresor a un año de prisión al haber habido conformidad, una pena que no cumplirá al no tener antecedentes, indicaron tanto la víctima como el responsable provincial del sindicato Satse, Eugenio Pérez.
Pero para I. G. S. ha sido un calvario, afectándole a su vida laboral y familiar. De hecho permanece aún de baja por un trastorno de ansiedad transitorio a causa de la agresión.

«Llevo nueve años trabajando, el último año y medio en el Materno, y no tenía hasta ahora ni una hoja de reclamaciones. Yo sólo he intentado hacer mi trabajo lo mejor posible. Quiero pasar página y recobrar mi serenidad y mi vida. Durante todo este tiempo no he estado disfrutando de mi mujer ni de mis hijos. Esto ha sido como ir en una noria y unos días he estado mal y otros bien. Hoy, tras el juicio, es como si me hubiera quitado una piedra de encima», declaraba ayer el afectado a este periódico.

Y es que asegura que los días siguientes a la agresión cuando salía a la calle miraba hacia todos los lados para comprobar si alguien lo estaba siguiendo u observando.

Aún hoy, confiesa, tiene cierto temor a posibles represalias o reacciones de algún familiar del agresor. «Dios quiera que esto se acabe aquí. Yo lo que espero es que esto pueda servir para que no ocurra más. Lo he llevado como he podido y ahora espero incorporarme pronto. Hay que denunciar estos casos, los profesionales no podemos permitirlo. El único camino es plantarle cara y denunciarlo. Dentro de mi sueldo no va que me peguen», afirma.
El enfermero será reubicado de momento mientras esta familia permanezca en el hospital, ya que el pequeño sigue ingresado.

La Plata, Prov. Buenos Aires.-

EDITORIAL
Necesidad de jerarquizar en la Provincia la valiosa profesión de la enfermería

http://www.eldia.com.ar/edis/20110502/necesidad-jerarquizar-provincia-valiosa-profesion-enfermeria-opinion12.htm

En los últimos años se vinieron reflejando datos oficiales y también provenientes del sector privado demostrativos del pronunciado déficit de enfermeros que se registra en nuestra provincia y así lo ha vuelto a certificar ahora un informe publicado recientemente en este diario, revelador de que en los hospitales bonaerenses faltan más de 5.500 enfermeros y que, de ese total, cerca de 900 se necesitan en los centros provinciales que funcionan en nuestra ciudad.

Otros datos ciertamente preocupantes indican que la gran mayoría del personal de enfermería de los hospitales ubicados en La Plata es auxiliar, mientras que apenas el 8 por ciento es profesional, cuando la ecuación ideal es la de un 40 por ciento de enfermeros profesionales y un 60 por ciento de auxiliares. Se señaló también que el 80 por ciento de los enfermeros son mujeres.

Todo habla de una situación de desborde y de desjerarquización de esta profesión. En la mayoría de los casos las enfermeras no dan abasto y ni siquiera pueden disponer de las necesarias horas de descanso. El problema de la falta de personal se vio agravado en los últimos años ante la gran cantidad de enfermeros que se jubiló, sin que se concretara la renovación correspondiente.

En el área provincial de Salud se dieron a conocer ahora -como notas alentadoras en un contexto negativo- referencias acerca de la formación actual de unos cinco mil estudiantes en la Provincia, cuya graduación permitirá ir cubriendo en forma gradual el déficit existente, según se aseguró.

Como se ha dicho, el problema no es nuevo y responde a diversas causas, pero lo cierto es que se ha llegado -hace años ya- a un punto extremo, del cual sólo cabe salir, en primer lugar para que el sistema sanitario no colapse. Camas vacías por falta de enfermeros, pabellones que cuentan con sólo un enfermero, la relación cuantitativa médico-enfermeras completamente deformada, personal desbordado por una pesada sobrecarga laboral, son sólo algunas de las realidades que se viven cotidianamente en los casi ochenta hospitales públicos de nuestra provincia.

Estudios realizados en 2009 advirtieron que en diez años se podían ver agotados los profesionales de esta disciplina, teniendo en cuenta que su promedio de edad en la Provincia era de 47 años y un importante número se jubila a los 50 ya que esa edad es el tope, por considerarse al trabajo que desempeñan como insalubre.

Está claro que no será tarea sencilla ni tampoco se logrará, de la noche a la mañana, aumentar los planteles de enfermería, aún cuando parece que se está en un buen camino. Para ello será preciso persistir en los programas relanzados y procurar, al mismo tiempo, los incentivos económicos del caso, entre otras medidas encaminadas a estimular el estudio y ejercicio de una profesión que se caracteriza por un fuerte componente vocacional, tan ligada al dolor como a la curación de las enfermedades que acosan a la humanidad.

Es de esperar, entonces, que se promuevan todas aquellas políticas y medidas concretas que apunten a jerarquizar, mediante los reconocimientos que sean del caso, una disciplina tan imprescindible y valiosa como es la de la enfermería.

Galicia, España.-

Lista de espera en los cursos de defensa personal para enfermeras
http://www.lavozdegalicia.es/galicia/2011/05/01/0003_201105G1P12992.htm
 
«Desde luego, no me imaginaba que había tanta violencia en las consultas». Felipe Meana es un vigués especialista en varias técnicas de defensa personal y, desde hace un par de años, cuenta entre su alumnado eventual con enfermeras de toda Galicia. Contratado por el sindicato de enfermería Satse, ha enseñado a defenderse hasta el momento a unas trescientas enfermeras por todo el país y, cada vez que el sindicato lo llama para organizar un curso, se le acumula la lista de espera: «El 90% de las personas que acuden a los cursos han sufrido algún episodio de violencia sanitaria», explica: «La gente que participa suele llegar con un nivel alto de preocupación por su seguridad».

Estos cursos de defensa personal pretenden que el amenazado sea capaz de salir cuanto antes de la situación de peligro, aunque no siempre es posible. De hecho, muchas consultas son ratoneras de las que el facultativo o la enfermera no pueden salir porque al agresor le resulta muy fácil bloquear la puerta. «Pero a veces no se puede evitar el contacto», explica Felipe Meaba: «Y es preferible dar un empujón y exponerte a una denuncia a recibir tú un golpe que a lo mejor no puedes contar».

El botón del pánico

Los protocolos que han recibido los médicos gallegos les recomiendan también, en primer lugar, enfriar la situación e intentar abandonar la consulta cuando se sientan amenazados. La mayor parte de las consultas de los centros de salud disponen ya de un sistema a través del cual el facultativo puede accionar un sistema de alarma desde su ordenador que salta inmediatamente en todas las terminales del centro alertando de que determinada persona se encuentra en dificultades. Es lo que se conoce como botón del pánico y que ya ha mostrado su eficacia en muchos casos, pese a que un sector de los facultativos se muestran escépticos: «Desde que el mensaje llega a los compañeros y estos acuden en tu auxilio, al agresor ya le ha dado tiempo a hacerte cualquier cosa», expone un responsable sindical.

Con todo, la mayor parte del personal valora positivamente esta medida y las que, hasta ahora, la Administración ha puesto en marcha para paliar el creciente fenómeno de la violencia contra los empleados de la sanidad.

Girona, España.-

Los trabajadores del hospital Trueta en Girona inician un cierre indefinido en protesta por los recortes
La protesta tiene lugar en el 'hall' del centro contra la eliminación del solapamiento de turnos del personal de enfermería
http://www.lavanguardia.com/vida/20110429/54147418768/los-trabajadores-del-hospital-trueta-en-girona-inician-un-cierre-indefinido-en-protesta-por-los.html

    Más de 1.500 sanitarios se manifiestan contra los recortes

Los representantes sindicales de la Junta de Personal del Hospital Josep Trueta de Girona han iniciado esta noche un cierre indefinido en el 'hall' del centro como protesta por los recortes que se están aplicando en sanidad, y en especial por la eliminación del solapamiento de turnos del personal de enfermería, tras protagonizar también una manifestación que ha acogido este jueves unas 1.500 personas.

Una veintena de miembros de la Junta de Personal se organizarán en turnos para cubrir las 24 horas del día y así poder explicar tanto a usuarios como demás personal del hospital sus principales quejas, según ha explicado unos de los miembros de la Junta, David Oliver.

El motivo principal de la protesta del personal de enfermería, auxiliares y celadores es la eliminación del solapamiento de turnos, ya que hasta ahora alargaban unos quince minutos diarios la jornada para intercambiar información sobre los pacientes con el turno siguiente y, a final de año, acumulan ocho días de vacaciones por este concepto.

Esta medida es uno de los puntos más conflictivos del plan de choque que ha presentado la gerencia a los trabajadores después de los recortes anunciados por la Generalitat, y aunque se tenía que eliminar el 1 de mayo, la dirección del hospital ha pospuesto la decisión un mes, hasta pasadas las elecciones municipales del 22 de mayo.

Este jueves, más de 1.500 médicos, enfermeras y demás personal sanitario se han manifestado por las principales calles de la ciudad, rodeando la nueva sede de la Generalitat contra los recortes que ésta quiere aplicar en la sanidad pública, aunque el Govern lo ha pospuesto hasta pasadas las elecciones. Encabezados por una pancarta en la que se podía leer 'La salud no puede sufrir recortes', los sindicatos organizadores han asegurado que continuarán con las movilizaciones.

El responsable del sindicato Médicos de Catalunya, Josep Vilaplana, ha reiterado que ve imposible que los planes de ajuste no comporten "traumatismos" en el sector. Así, han insistido en criticar el proceso de desmantelamiento de la sanidad del Govern sin otro objetivo que incrementar "a marchas gigantescas" el proceso de privatización del sistema sanitario, según han hecho constar en un manifiesto todos los sindicatos: CC.OO., CATAC-CTS, SATSE, Médicos de Catalunya, USAE y UGT.

La manifestación que ha durado poco más de una hora debido a la intensa lluvia que caía en la ciudad ha acabado con la lectura de dos textos, uno de Maria Mercè Roca y otro de Josep Maria Fonalleras.

Venezuela.-

Gobierno les intervino los teléfonos a algunos enfermeros que estuvieron en huelga de hambre

http://www.noticierodigital.com/2011/05/gobierno-les-intervino-los-telefonos-a-algunos-enfermeros-que-estuvieron-en-huelga-de-hambre/

ND.- Julio García, uno de los enfermeros que se mantuvo 38 días en huelga de hambre, aseguro que durante ese período vivieron la presión e intimidación del gobierno nacional a través de diferentes métodos. Asegura que su teléfono celular estuvo intervenido, en algunos momentos importantes de la protesta no podían mandar mensajes, no tenían señal.
Asegura que hubo llamadas amenazantes a los huelguistas, además había personas que sin identificación se infiltraban entre los periodistas.
Aseguró García que inclusive les llegó un informe de inteligencia que se le escapó al Gobierno donde se apreciaba cómo los evaluaban, lo que les permitió cambiar sus estrategias.
García afirma que lo que se trataba era de “desarticularnos con la falsa excusa de que nuestra huelga no tenían fines reivindicativos y laborales”.
A continuación la entrevista de El Carabobeño a Julio García:
Julio García volvió a hablar sin dolor. Permanecer del 13 al 27 de abril con los labios cosidos, le impidió mucho más que bostezar o reír. La mitad derecha se ulceró, porque hasta allá no llegaba ni la saliva ni la limpieza bucal. Cuatro cicatrices son el primer sello visual de su logro.
Un grupo de enfermeros venezolanos no sólo hizo huelga de hambre por 38 días. Sus colegas protestaron, marcharon, trancaron avenidas, hicieron dos paros, se cosieron la boca, se sacaron la sangre, quemaron a su propia Judas (la ministra Eugenia Sader), escenificaron el lavatorio de pies, la crucifixión y muerte de la salud.
En su punto máximo, la “huelga por la vida” llegó a sumar 45 enfermeros en once estados del país: once en Caracas, seis en Valencia, cinco en Maracaibo, cinco en Mérida, cuatro en San Juan de los Morros, cuatro en Puerto Ordaz, dos en Puerto Cabello, dos en Guanare, dos en Maracay, dos en Barquisimeto y uno en Vargas y en Maturín.
“La confianza de los demás estaba centrada en mí”, confiesa en exclusiva para El Carabobeño el vocero principal de los enfermeros huelguistas de la capital. Aunque todavía siente ese desgaste físico, nutricional y mental, su inseparable agenda marrón de la Apuc quedó como una extensión de su memoria. A ella recurre a la hora de aflorar verdades.
Más allá del ajuste salarial, ¿cuál es el principal logro de la “huelga por la vida”?
- La pérdida del miedo y la combustión social que vivimos trabajadores de la salud y que se hizo extensiva a millones de trabajadores beneficiados. Hicimos resistencia al Gobierno y dejamos de bajar la cabeza para subir la frente en alto. Pasamos la raya amarilla de la protesta para decirle a la ministra Sader: Esto es de nosotros y nos corresponde.
Desarrollaron una “metodología de lucha”. ¿En qué consistió?
- Nuestra pedagogía es que si deseamos vivir y estar bien, tenemos que luchar por lo que queremos. Ese fue el mensaje más importante que dejamos a la sociedad civil; la dignificación de la lucha. Y aclaro que con esto no estamos invitando a que la gente haga huelgas de hambre.
¿A qué y a quién se enfrentaron?
- A un Gobierno que aplicó todas las estrategias de inteligencia para penetrar nuestro entorno e intimidarnos. Al principio vimos cómo huelguistas eran llamados para amedrentarlos y amenazarlos con despidos. Incluso hubo amenazas para los familiares. Querían desarticularnos con la falsa excusa de que nuestra huelga no tenían fines reivindicativos y laborales.
¿Aló, Presidente?
En cuatro años como titular de su línea telefónica corporativa, Julio García jamás había perdido el servicio injustificadamente. Hasta que se convirtió en huelguista. A las afueras de la Embajada de Brasil hubo lapsos de hasta cuatro horas de celular sin señal y mensajes no enviados, casualmente en días claves de la manifestación.
¿Qué hicieron para contrarrestar la intervención de las líneas telefónicas?
- Cuando nos dimos cuenta de eso, le jugamos una contrainteligencia al Gobierno. Sabíamos por cuál teléfono hablar y por cuál no. En otro momento llegó a nuestras manos un informe detallado, día por día, que se le escapó al Gobierno. En él detectamos de qué forma y quiénes nos evaluaban. Eso nos permitió cambiar muchas estrategias.
¿En el sitio también hubo desplazamientos inquietantes?
- En el transcurso de la huelga sentimos la evaluación constante del Sebin y los demás organismos de inteligencia del Estado venezolano. Pasaban carros sin placa a baja velocidad y había personas no identificadas que se metían entre los periodistas en las ruedas de prensa.
Públicamente, el Gobierno mostró otra cara. Las pocas veces que rompió la indiferencia los tachó de locos y de minoría…
- La falta de inteligencia de la Federación de Colegios de Enfermeros, que está arrodillada y acordada con el Gobierno, hizo que las mentiras nos fortalecieran. Las tres veces que habló la ministra de Salud, Eugenia Sader, fue para ayudarnos: primero dijo que éramos minoría, y somos mayoría; por eso el gremio salía en resistencia a ese discurso. Después dijo que nosotros no éramos enfermeros, y el solo hecho de que el 100 por ciento de los huelguistas somos licenciados en Enfermería, generó más rabia. La tercera vez fue cuando respondió que no valía la pena hacer comentarios sobre nuestro paro, y esa fue la peor catástrofe de sus declaraciones. Por eso hubo 20 quemas de imágenes de la ministra en todo el país. No sólo ardió en hospitales sino en comunidades populares.
¿Estaban literalmente dispuestos a morir de hambre por la causa?
- Por supuesto. Conceptualmente, la huelga de hambre tiene como objetivo morir por una lucha. El objetivo se lograba, o moríamos. Psicológicamente, nuestros huelguistas no estaban preparados para más de 14 días. Creíamos que en ese tiempo se resolvería el conflicto, pero el Gobierno nos llevó hasta enclavarnos en la Semana Santa.
Ese fue un punto de declive. ¿Allí pensaron en abandonarla?
- Jamás. Antes de la Semana Santa ya el Gobierno nos había dado la razón en las negociaciones con el viceministro José España. Lo bueno es que el Gobierno siempre fue menos inteligente que nosotros. Nos desestimó tanto, que yo el 13 de abril había anunciado que me cosería la boca a las 5:00 de la tarde, y la cadena nacional terminó antes de esa hora. Recuerdo que esa noche llamaron del Gobierno para ver cómo se podía resolver el problema. “Que no se sigan cosiendo la boca”, decían.
Una huelga carabobeña
En el salón azul del Colegio de Enfermeros de Carabobo, delegaciones de 15 seccionales del país acordaron el 11 de marzo iniciar el ayuno prolongado. El calvario empezó el lunes 21. La entidad fue la que aportó el mayor número de huelguistas y, Valencia, la ciudad del interior del país en la que la manifestación se extendió por más días. Como colofón, el líder de la huelga era un valenciano.
¿Qué papel tuvo Carabobo en esta lucha gremial?
- En Carabobo nació Venezuela y en Carabobo renació el gremio. Veníamos con la desesperanza de que el Gobierno nos robó las elecciones de la Federación. Hicimos un paro, dos marchas, nos encadenamos, fuimos golpeados en la Asamblea Nacional, y todo resultaba estéril. Yo me ofrecí como el primer huelguista, porque lo peor que podemos hacer es no hacer nada.
Con la excepción de los médicos, ¿los ajustes salariales benefician a todo el sector?
- El decreto presidencial exhorta a los organismos públicos a plegarse. Nos reuniremos con el Ejecutivo regional para la homologación. Esto no es problemático, porque las contrataciones colectivas lo ordenan. Lo histórico de todo esto es que el Gobierno, durante los últimos ocho años, jamás había aplicado los pasos en la escala de manera horizontal. El solo hecho, así lo apliquen por antigüedad o por evaluación de desempeño, ya es un logro. Los ajustes conseguidos llegan en algunos casos a más del 100 por ciento. Somos el único gremio que ha superado el techo de 40% de aumento.
¿Cuál es su mensaje para los trabajadores de la salud que no se sensibilizaron con la huelga, pero que también serán beneficiados?
- Que aquí debe haber un desprendimiento de cualquier identidad política. Ningún partido va a generar los beneficios laborales. Hay un sector que se deja manipular, que prefiere pasar hambre pero defender a su tolda.
Cada huelga de hambre deja, por lo general, a un líder político en potencia. ¿Es su caso?
- (Risas). Esta huelga generó un apoyo extraordinario de sectores influyentes en el país, y se convirtió en una gran institución a escala regional, nacional e internacional. Aunque eso nos posicionó, yo no he tomado vinculación con ningún partido político a pesar de que me han hecho ofrecimientos. Pero seguimos en pie de lucha. Hemos dicho que 2011 y 2012 van a ser los años de las contrataciones colectivas.
Vivir en 3 por 15 metros
La mamá de Julio García relata que nació llegando al Hospital Central de Valencia, el 30 de octubre de 1980. Ejerció la enfermería en ese centro, en la Maternidad del Sur y en el Hospital Carabobo, y justo ahora, a los 30 años, cuando sus días transcurren entre la docencia en la Escuela de Enfermería de la Universidad de Carabobo y la actividad gremial desde la secretaría general del Colegio de Enfermeros en la entidad, la huelga de hambre le acaba de cambiar la vida. Y no sólo porque llegó a Caracas pesando 67,5 kilos y la terminó victorioso con 57 kilos.
En el campamento llegaron a ser once, y su colchoneta era justamente la del centro. Aunque tenía cinco y cinco a cada lado, sus vecinas más próximas eran una creyente evangélica y una simpatizante de actividades de santería. Él, autodefinido como el más católico, experimentó esa diferencia de criterios religiosos que finalmente convergen en la fe.
“Terminamos integrados. Mi compañera evangélica se colgó un crucifijo y, en la misa del Jueves Santo, todos comulgamos. Dios fue nuestra gran fortaleza”, relata emocionado.
Después del Todopoderoso, la familia. El líder gremial dice sonriente que gracias a Dagnis Pérez (su esposa), no murieron espiritualmente. Enfermera, egresada de la universidad en la misma promoción que García, se trasladó a Caracas para colaborar con la logística. “Nuestros familiares sufrían tal vez más que nosotros mismos”, observa.
En un día normal, Julio García salía de casa a las 6:00 de la mañana generalmente hacia la UC, y regresaba sobre las 10:00 de la noche luego de talleres, cursos y dos tandas semanales de fútbol. La huelga lo redujo a un espacio de movilización de 3 por 15 metros. Cuando la debilidad se lo permitía, apenas si se movía del baño a la colchoneta, y a la mesa en la que daba las ruedas de prensa.
El profesor Jorge Tricas lo ayudó en el manejo del discurso. Recuerda claramente cómo le respondió al presidente Chávez que los enfermeros no estaban jugando carritos y que le faltó pedagogía al explicar el aumento. “Cuando en las improvisaciones del Teatro Teresa Carreño no supo responder cómo quedaban los contratados, se le sintió la presión. Era un anuncio para más de 100 sectores, pero parecía una cadena dedicada a los enfermeros”.

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