15 oct. 2012

Denuncian a un médico y a una clínica por la muerte de un bebé

Una pareja acusó por mala praxis a un ginecólogo y al sanatorio donde Silvina fue a parir su primer hijo. Nunca les explicaron por qué murió el niño. Esperan que la Justicia avance en la investigación.

Mateo pesó tres kilos 90 gramos, y para Silvina, que trabaja en el Hospital San Roque, perder un bebé es Mateo pesó tres kilos 90 gramos, y para Silvina, que trabaja en el Hospital San Roque, perder un bebé es "porque algo se hizo mal".

José Amado / Redacción de UNO
jamado@unoentrerios.com.ar

 

 

"Esperamos mucho tiempo para que en 15 minutos nos destrocen la vida". Silvina Cano y Carlos Ramírez iban a ser padres. Tuvieron un embarazo normal, nueve meses felices en los que programaron una vida junto a Mateo Benjamín, su primer hijo. Los estudios y análisis que hicieron (y pagaron) indicaban que iba a ser un niño sano. Pero al momento del parto, por alguna complicación o negligencia de los profesionales, el bebé murió.
 

 

Recibieron evasivas, explicaciones contradictorias y silencios, y aún no saben qué pasó en el quirófano de una clínica de Paraná, el 14 de febrero. Todavía están a la espera del informe de una junta médica y de que la Justicia los cite a declarar. La denuncia penal que se tramita en el Juzgado de Instrucción Nº 5 es contra el ginecólogo a cargo del parto y el sanatorio, por el delito de mala praxis.

 

 

Lo público y lo privado
Silvina es enfermera en el Hospital Materno Infantil San Roque. Durante cuatro años se desempeñó en Neonatología, donde asistió cientos de partos, vivió muchas situaciones complicadas y ayudó a salvarle la vida a muchos bebés, junto a los demás profesionales del área. Pero cuando le tocó parir a ella, en una clínica privada, fue todo al revés.
 

 

Tal vez esa es una de las injusticias que hoy más le duele: "Complicaciones así no son muy comunes, y si hay alguna todos corren. Yo corría para reanimar chicos que no eran míos, corría porque ese era mi trabajo", cuenta.

 

 

De la ilusión a la pesadilla
Cuando Silvina quedó embarazada buscó una ginecóloga y obstetra. Hoy lamenta la elección, porque la médica la atendió hasta la semana 36 de embarazo, en el verano se fue a Brasil de vacaciones, y la derivó a un colega. Con este tampoco tuvo suerte.
 

 

Hicieron todos los estudios de rutina y los que le recomendaban: eco doppler, ecografías, análisis en laboratorios. "Todo lo que nos mandaban lo hacíamos, y pagábamos lo que fuere", cuentan. "A las 36 semanas estaba todo bien", según los médicos.
 

 

En la semana 37 tuvieron la consulta al ginecólogo reemplazante y programó el parto por cesárea para la semana siguiente. Hicieron los últimos estudios que arrojaron buenos resultados.
 

 

El 14 de febrero a las 7 de la mañana, Silvina y Carlos se presentaron en la clínica. Hicieron trámites, firmaron papeles y esperaron más de una hora por una habitación. El parto estaba pautado para las 12, pero recién la llevaron al quirófano a las 13. Durante esas horas eternas estuvieron solos en la sala de preparto, mirando televisión. Solo pasó una enfermera que le tomó los datos y le midió la presión a la mamá, y luego el anestesista que le explicó acerca de la peridural.
 

 

Al ginecólogo lo vio recién en el quirófano, cuando ya estaba listo para el parto. Adentro "era todo un jolgorio", médicos, enfermeros y asistentes se hacían chistes por el día de los enamorados.
 

 

El anestesista le indicó a Silvina que se ponga de costado en la camilla para la anestesia. El ginecólogo puso el oído en la panza de la mujer para oír los latidos. "Está bien, marcá acá nomás", le indicó a una enfermera, quien pintó con un rodillo empapado en Pervinox la zona para la incisión. Colocaron la tela para que Silvina no vea la cirugía. Hasta este instante todo parecía normal.
 

 

Ya nadie hablaba. El médico tomó el bisturí y lo hundió. Silvina recuerda: "Yo siento que él tira a mi bebé con mucha presión, con mucha fuerza. Tanto que sentía que me iba caer de la camilla".
 

 

"Se complicó", dijo el ginecólogo. El anestesista se ofreció: "¿Querés que te ayude, que te dé una mano?". "No, no, está bien", rechazó. "Pero yo empujo de acá arriba", insistió. No hubo caso. El médico tiró con fuerza y sacó al niño. "Mi hijo no nació, me lo arrancaron", dice Silvina.

 

 

"No sé lo que pasó"
La madre solo pudo ver la mitad de los pies del bebé que colgaban. La enfermera se lo quiso dar, pero el médico se lo negó, y luego gritó: "¿Está la pediatra? ¿Llamaron a la pediatra?". Se quitó el barbijo y le dio la noticia a Silvina: "Mamá, tu hijo nació con una enfermedad rara, desprendimiento de piel, lamentablemente falleció".
 

 

Afuera esperaba Carlos con los abuelos del bebé. Salió al pasillo la pediatra, quien les dijo que el niño murió "por una doble circular del cordón umbilical y un desprendimiento de piel, ya se los va a explicar el doctor".
 

 

Él iba a la habitación y le decía a Silvina que el corte que le hizo era pequeño, que no se preocupe, no se le iba a notar. Le preguntaban qué había pasado. Nervioso, el doctor agachaba la cabeza, y decía: "No sé lo que pasó".

 

 

Denuncia penal
Esa tarde radicaron la denuncia contra el ginecólogo y la clínica en la Fiscalía. El Juzgado allanó de inmediato el sanatorio, se secuestró la historia clínica, y ordenó la autopsia del bebé. El informe del médico, que decía "muerte por paro cardiorrespiratorio y eritema ampollar", el de la autopsia y demás papeles fueron enviados para que una junta médica de Concepción del Uruguay haga un dictamen sobre si hubo negligencia.
 

 

"Hasta el día de hoy no nos dieron explicaciones de nada", dice la pareja, en su casa del barrio de la Base Aérea. "Para nosotros -en el Hospital San Roque -perder a un chico de tres kilos 90 gramos como pesó mi hijo era una locura. Hay chicos de 800 gramos que los reanimás, los ponés ahí y el chico va a crecer", cuenta Silvina.

 

 

"Cosas que pasan"
A la ginecóloga la volvieron a ver, bronceada por el sol carioca, para sacar los puntos de la cirugía. Estaba al tanto de todo, y les dijo que "son cosas que pasan", y les aconsejó: "Bueno, ahora negrita te queda hacer el duelo. Ustedes son jóvenes".
 

 

Para Silvina y Carlos la pesadilla parece no terminar. "Era nuestro primer hijo después de buscarlo cinco años. Al día de hoy tengo la cuna de mi hijo colgada, su ropa, sus cosas. Estoy con un tratamiento psiquiátrico porque no puedo dormir, me cambiaron las funciones y el lugar de trabajo. Estoy medicada de tarde, de noche, yendo a visitar a mi hijo a un cementerio".

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