La enfermería ha roto el techo de cristal: antes éramos auxiliares y ahora podemos doctorarnos»


«Hoy en día la enfermera está muy bien preparada pero aún no se le permite usar todo su potencial»
«En el sistema sanitario ha habido muchas personas en contra del avance de la enfermería»
«Con la enfermedad aprendes a relativizar cantidad de cosas que nos abruman cada día»

Durante más de tres décadas ha sido la cara de las enfermeras de Gipuzkoa. María Jesús Zapirain revitalizó un colegio que languidecía y que actualmente agrupa a 5.000 profesionales. Tras 25 años en la presidencia, con muchas cosas logradas y alguna que lamenta dejar en el tintero, esta astigartarra recibirá dentro de dos semanas, a petición de los propios colegiados, un homenaje en reconocimiento a su trayectoria.

- ¿De niña quería ser enfermera?

- Creo que lo tenía claro desde el principio. Mi duda era ser maestra o enfermera. Estudiaba en las Teresianas, donde se inclinaban porque hiciese magisterio, pero a mí me tiraba la enfermería. Quise ir a Valdecilla, en Santander, donde no era fácil ingresar. Estuve esperando un año para que me cogieran. Y allí me fui, con la amenaza de mi madre: «Si te vas no vuelvas, que esto es muy serio».

-Tengo entendido que eran muy estrictos...

- Estábamos internas. Hacíamos tres años y solo teníamos un mes de vacaciones: quince días a los tres meses de llegar, año y medio sin vacaciones y luego otros quince días. Era muy duro. Aprendíamos muchísimo, porque era un hospital de beneficiencia enorme que se llevaba sobre todo con alumnas. A los tres meses de llegar ya estaba haciendo guardia de 30 noches seguidas en el psiquiátrico. La normativa de la década de los 60 no tenía nada que ver con la actual.

- ¿Ejerció la enfermería?

- Principalmente trabajé en un laboratorio de análisis clínico. Se hacían extracciones allí y recibíamos muestras de las clínicas privadas. También iba a domicilios.

- ¿Cómo entró en contacto con el Colegio Oficial de Enfermería?

- Cuando acabé los estudios me colegié, pero nunca recibí ninguna comunicación. En diciembre de 1975 fui con una compañera a un congreso de enfermería en Bilbao, y allí descubrí que había un consejo de colegios de enfermería que hacía cosas. Al volver me pregunté: ¿y nuestro colegio que hace?

-¿Y qué hacía?

- Estaba inactivo. Desde Bilbao me animaron a que promoviera uno y que convocara elecciones. Así nos reunimos un grupo de gente joven, muchas de las cuales no nos conocíamos, y en 1977 convocamos elecciones y entramos en el colegio sección enfermeras. También estaban la sección de practicantes, que sí funcionaba y estaba bien organizada, y la de matronas. Lourdes Altuna era la presidenta y yo iba de secretaria.

- ¿Por dónde empezaron?

- Por recoger papeles del suelo. No había expedientes, ni se había cobrado la cuota, que era de 25 pesetas... Empezamos por rehacerlo todo, pero a los tres meses nos llegó la orden de que teníamos que unificar las tres secciones colegiales. Al final, tras bastante pelea, creamos una junta provisional entre los dos, la de enfermería y practicantes, en la que era tesorera. En abril de 1977 se convocaron elecciones y continué de tesorera.

- En 1988 asumió la presidencia. ¿Cómo ha cambiado la profesión en todos estos años?

- Diferentes títulos con diferentes nombres han permitido configurar la profesión. Al principio a la enfermera se le llamaba el auxiliar o ayudante técnico sanitario. Para mí el nombre ya significa mucho, porque éramos personas sin ninguna capacidad de autonomía, personal con funciones delegadas. La formación que nos daban era: «Usted señorita lo que le diga el médico». No teníamos funciones propias. Era una profesión sin estructurar, con diversos nombres, colegios con poca fuerza y con profesionales formados para atender al médico y no al paciente.

- ¿Y cuándo comenzó a ser una profesión más parecida a la que es ahora?

- Con la formación. Puede haber gente que no esté de acuerdo, pero a partir de que se crearon las escuelas de diplomados en enfermería la profesión empezó a tomar conciencia de la importancia de la formación, que creo que es fundamental. En el sistema sanitario ha habido muchas personas que no han estado de acuerdo con el avance de la enfermería, que fue tomando protagonismo. Las leyes han ido detrás de la capacidad de la enfermería.

- Desde las auxiliares al actual grado de enfermería, la evolución ha sido constante.

- Y ya no tenemos el techo de cristal de antes, podemos llegar, como el resto de las profesiones, a ser master, doctores, a investigar... Recuerdo que en los años 80 iba al Gobierno Vasco y hablaba de investigación y se me reían. En el colegio hemos intentado ser pioneros en aquello que entendíamos por dónde tenía que caminar la profesión. Hace más de 20 años que este colegio está dando cursos de investigación.

- ¿Las enfermeras sienten que tienen reconocimiento profesional?

- Ahora está muy claro que la enfermería tiene sus funciones propias y autónomas. Con todo, no terminamos de tener la autoridad que tiene la enfermera por la capacidad y la autonomía que le reconocen las normas. Tenemos mucho camino que andar. La enfermería hoy en día está muy bien preparada y creo que no se está permitiendo que use todo su potencial. Si soy competente para tal cosa, permíteme que sea competente al 100%. Es decir, que si soy supervisora en un hospital, lo que equivaldría a un mando intermedio en una empresa, pues dame toda la atribución de ese mando, y págame como tal también. La enfermería está preparada para asumir toda la responsabilidad que tiene que ver con su profesión.

- ¿Y reconocimiento social?

- Hoy en día el paciente reconoce perfectamente a la enfermera, que es muy cercana, y el sistema sanitario también lo está reconociendo. Por ejemplo, creo que en la atención a los enfermos crónicos la enfermería tiene un papel fundamental, y en ese sentido todo el mundo, incluido el usuario, reconoce que es un pilar.

- ¿Qué papel ha jugado el colegio?

- Desde siempre me he peleado por dar valor al colegio, promoviendo foros y debates, luchando contra el intrusismo, para que la enfermería tomase cuerpo de profesión. Porque eso no se hace solo con leyes, hace falta mentalización. Siempre he creído que una organización fuerte hace una profesión fuerte, y que quienes tenemos que hacer la profesión fuerte somos las propias enfermeras. Somos nosotras las que tenemos que liderar el futuro de la profesión. Tenemos mucho conquistado, y ahora la enfermería sí se lo está creyendo.

- ¿Qué cualidades ha de tener una buena enfermera?

- Cualquiera puede estudiar la carrera, pero no cualquiera puede ser un buen enfermero. Para eso hay que tener una serie de capacidades, como la empatía o la de saber comunicar. La palabra vocación no me gusta usarla porque tiene connotaciones religiosas, pero creo que hacen falta unas cualidades para enfrentarse a la enfermedad, al dolor, a los turnos, que incluso rompen con la unidad familiar. Si no eres así vas a sufrir.

- ¿Qué se aprende de la enfermedad?

- He estado muchos años dedicada a la gestión y quizás no soy la más indicada para decirlo, pero creo que aprendes a relativizar cantidad de cosas que en el día a día te abruman. Cuando ves el alcance de la enfermedad relativizas esas tonterías a las que a veces damos tanta importancia. Aprendes el valor de la salud y no de las cosas superfluas.

- Los recortes están llegando a la sanidad pública. ¿Cómo lo ve ahora desde fuera del colegio?

- La sanidad pública no habría que cuestionarla, no se puede perder la sanidad que tenemos. Hay que pensar en cómo tiene que ser. Visto desde fuera me parece que las medidas que se están adoptando son más bien parches para un momento puntual, creo que hace falta cambios más profundos para garantizar la sostenibilidad del sistema. Y en todo esto las enfermeras pueden aportar mucho, porque son muy buenas gestoras.

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