4 oct. 2015

Cada vez menos médicos y enfermeros

En dos meses atendieron más de un millar de adolescentes con ideas suicidas o abusados. Pero los servicios están desmantelados por falta de nombramientos.

En la flamante Sala de Guardia del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, el movimiento es incesante: madres y padres que van y vienen con sus hijos en brazos esperando su turno, médicos que cruzan los pasillos decorados con dibujos realizados por los propios niños. A simple vista no hay indicios del colapso que, cada tanto, asoma en esta mole ubicada en Palermo, donde cada año se atienden unas 450 mil consultas y se realizan 25 mil internaciones y 7 mil cirugías. Hace dos años, el nido de una paloma tapó una cañería de gas y terminaron intoxicados trabajadores y pacientes. Desde entonces, el área de consultorios externos está sin gas.

Los trabajadores con más años en el Gutiérrez hablan de una degradación de la infraestructura, pero sobre todo en la atención. Un lindo edificio, como la guardia remodelada, no resuelve los profundos problemas de un hospital de referencia. Aquí, el 60 por ciento de los pacientes son chicos del interior. Sólo un tercio tiene obra social.

"Tenemos falencias que se podrían resolver sin mucha inversión. Hablamos de servicios donde el trabajo está en la palabra, en la presencia de profesionales", explica Susana Toporosi, coordinadora del área de Salud Mental e integrante de la Asociación de Profesionales. Toporosi trabaja en el Gutiérrez hace 35 años y traza un panorama acuciante: "Necesitamos más personal, nombramientos, equipos interdisciplinarios para atender una problemática social que agravó mucho la salud mental y los problemas neurológicos".

El maltrato laboral, los bajos salarios y la falta de perspectivas se transformaron en una constante en los hospitales públicos. En el Gutiérrez hay dos clases de profesionales: los "antiguos", comprometidos hasta el tuétano con la institución, y los "nuevos" que van a foguearse para luego emigrar al sector privado. "Nadie quiere hacer carrera acá. El mensaje es que nos tenemos que arreglar con lo menos posible. Esto es un problema para los pacientes, pero también para los trabajadores y profesionales que cargamos todo en nuestras arterias y cervicales", agrega Toporosi.

Entre junio y julio de 2015, se atendieron 1200 consultas de adolescentes con ideas suicidas, autoflagelación, violencia doméstica y abuso sexual. Toporosi lo atribuye a cambios culturales que no son registrados. "Siempre tuvimos adolescentes con problemáticas serias, pero no con esta magnitud", explica. En la Ciudad existen dos lugares de internación psiquiátrica para adolescentes: el Gutiérrez y el Hospital Infanto Juvenil Tobar García.

En el Gutiérrez tienen 10 camas para salud mental, pero habitualmente hay 18 o 19 pacientes internados en otras salas. Y hay sólo cuatro asistentes sociales cuando solía haber 23. "El Gobierno está rompiendo con el modelo de residencias interdisciplinarias, cuando cada vez se necesita más por el tipo de problemáticas que llegan", resume Toporosi.

Neurología tiene una situación similar. Hay cuatro neurólogos, que atienden entre las 8.30 y las 11 de la mañana, para un área que absorbe entre el 20 y el 25% de las consultas. En todo el hospital hay carteles que piden que se frene el "desmantelamiento" y se llame a concurso y nombramiento de profesionales. Hay hasta cuatro meses de espera por un turno. Las familias que pueden migran a los privados.

Los trabajadores dicen que no tiene instrumental necesario. "El resonador, instalado por la empresa Argus, no tiene la resolución indicada para estudios de tal complejidad. Los pacientes son derivados a otras instituciones", señalan. Argus opera también el tomógrafo computado.

También está tercerizado el mantenimiento (Mejores Hospitales SA), la comida (Luis y Gómez SA) y el lavadero. "Nos fueron quitando funciones poco a poco", señala Stella Maris Értola, enfermera con 21 años de servicio en el Gutiérrez y delegada de ATE. Értola denunció en junio que Luis y Gómez entregó comida con cucarachas, excremento de roedores y gusanos.

En el hospital hay 360 enfermeras. "Para funcionar correctamente, necesitamos 850", dice Értola. Esa carencia se relaciona con lo que pasa con los médicos. "Los jóvenes van al privado porque pagan mejor. Toman este lugar como aprendizaje, y después se van o se quedan manteniendo dos y hasta tres trabajos", explica la técnica de esterilización Milenka Tellería.

DZ/ah


Fuente Redacción Z

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