La enfermería y la deuda pendiente del sistema sanitario argentino
La realidad de la enfermería argentina no admite más diagnósticos; exige decisiones políticas. Mientras se multiplican los discursos de reconocimiento hacia quienes sostienen el sistema de salud, miles de enfermeras y enfermeros continúan esperando una oportunidad para ejercer la profesión para la que se formaron.
Desde el Colectivo de Enfermería Argentina manifestamos nuestra profunda preocupación porque aproximadamente 19.000 colegas hoy se desempeñan en actividades ajenas a la enfermería. Esta realidad es consecuencia de décadas de ausencia de políticas públicas sostenidas, de planificación estratégica de los recursos humanos y de mecanismos transparentes para el ingreso al sistema sanitario.
Paradójicamente, mientras miles de profesionales no encuentran trabajo, numerosos establecimientos de salud funcionan con dotaciones insuficientes, sobrecarga laboral y una creciente dificultad para garantizar una atención segura y oportuna.
Pero la discusión no debe limitarse únicamente al empleo. El problema es profundamente sociosanitario. Es una realidad que sigue doliendo y que interpela a toda la dirigencia política.
Todavía existen comunidades, localidades, parajes y pueblos alejados de los grandes centros urbanos donde enfermarse un sábado o un domingo puede significar no recibir atención oportuna. Existen postas sanitarias, centros de atención primaria y pequeños hospitales que trabajan al límite de sus posibilidades, con escasez de personal, recursos insuficientes o, simplemente, sin profesionales que puedan cubrir la demanda de la población.
Esta desigualdad territorial vulnera el principio de equidad en el acceso a la salud. El lugar donde una persona nace o vive no debería determinar sus posibilidades de recibir atención sanitaria de calidad.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) viene advirtiendo que América del Sur enfrenta una grave escasez y una distribución desigual del personal de enfermería, producto de salarios insuficientes, condiciones laborales adversas, desgaste profesional y una deficiente planificación de los recursos humanos. Esta situación pone en riesgo la sostenibilidad de los sistemas sanitarios de la región.
En Argentina, dependiendo de la provincia o de la región, muchos profesionales consiguen su primer empleo entre tres y siete años después de graduarse. Durante ese tiempo, miles de enfermeras y enfermeros se ven obligados a trabajar en actividades completamente ajenas a su profesión para poder sostener a sus familias, mientras el sistema de salud continúa reclamando personal.
La solución requiere una verdadera política de Estado que trascienda los gobiernos y las coyunturas electorales. Es imprescindible construir un plan federal que contemple la formación, el ingreso laboral, la distribución equitativa del recurso humano, incentivos para desempeñarse en zonas rurales o de difícil cobertura, concursos públicos transparentes, estabilidad laboral y salarios acordes con la enorme responsabilidad que implica cuidar la vida.
No habrá un sistema sanitario fuerte mientras la enfermería continúe siendo postergada. Tampoco habrá justicia social mientras existan argentinos que deban recorrer kilómetros para acceder a un profesional de la salud o resignarse a esperar porque en su comunidad no hay personal suficiente para atenderlos.
La salud no puede depender del código postal ni de la capacidad económica de las personas. Garantizar el acceso universal y fortalecer la enfermería constituye una responsabilidad indelegable del Estado y un compromiso ético con toda la sociedad.
Es tiempo de transformar el reconocimiento en decisiones concretas. La Argentina necesita una política sanitaria moderna, federal e inclusiva, donde la enfermería ocupe el lugar estratégico que merece para fortalecer el presente y construir el futuro del sistema de salud.
Lic. Sandro Ortega
Colectivo de Enfermería Argentina
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