25 jul 2026

MANIFIESTO POR LA ENFERMERÍA Y EL DERECHO A LA SALUD

MANIFIESTO POR LA ENFERMERÍA Y EL DERECHO A LA SALUD

La salud no puede depender del lugar donde se nace ni del poder político de turno

La Argentina atraviesa una de las contradicciones más dolorosas de su historia sanitaria.

Mientras miles de enfermeras y enfermeros altamente capacitados esperan durante años una oportunidad para ejercer la profesión para la que se formaron, millones de argentinos viven en comunidades donde acceder a la atención sanitaria continúa siendo un privilegio y no un derecho.

Esta realidad no es producto del azar.

Es la consecuencia de décadas de improvisación, de la ausencia de planificación estratégica y de la falta de decisión política para comprender que sin enfermería no existe un sistema de salud capaz de responder a las necesidades de su pueblo.

Hoy, aproximadamente 19.000 enfermeras y enfermeros argentinos desarrollan tareas ajenas a su profesión. Son profesionales que el Estado formó, instituciones privadas que la sociedad necesita y que, sin embargo, fueron expulsados silenciosamente del sistema sanitario por la falta de oportunidades laborales, concursos transparentes y políticas públicas sostenidas, así como en el sistema de salud prepago. 

No se trata solamente de una injusticia laboral.

Se trata de una profunda injusticia social.

Porque mientras miles de profesionales buscan trabajo, existen hospitales, centros de salud y postas sanitarias que no logran cubrir las necesidades básicas de atención.

Y esa desigualdad tiene rostro.

Tiene nombre.

Tiene territorio.

Todavía existen comunidades, localidades, parajes rurales y pueblos alejados de las grandes ciudades donde enfermarse un sábado, un domingo o durante la madrugada puede convertirse en una verdadera tragedia.

Hay familias que saben que la ambulancia tardará horas.

Hay centros de salud que funcionan con el esfuerzo heroico de unos pocos trabajadores.

Hay postas sanitarias sin personal suficiente.

Hay argentinos que, por el solo hecho de vivir lejos de una gran ciudad, ven vulnerado su derecho constitucional a la salud.

Esa Argentina también existe.

Y no puede seguir siendo invisible para quienes toman las decisiones.

La Organización Panamericana de la Salud (OPS) viene advirtiendo que América del Sur enfrenta una grave crisis por la escasez y la desigual distribución del personal de enfermería. Los bajos salarios, la precarización laboral, el agotamiento profesional y la falta de planificación amenazan la sostenibilidad de los sistemas sanitarios de toda la región.

Nuestro país no es ajeno a esa realidad.

En muchas provincias, una enfermera o un enfermero puede esperar entre tres y siete años para acceder a su primer empleo formal en salud. Durante ese tiempo, miles de colegas deben sobrevivir trabajando como vendedores, choferes, empleados de comercio, personal administrativo o en cualquier otra actividad que les permita sostener a sus familias.

No porque hayan dejado de creer en la enfermería.

Sino porque el sistema dejó de creer en ellos.

Nosotros sostenemos que la salud no puede organizarse desde la lógica del ajuste permanente ni desde la improvisación.

La salud debe ser una verdadera política de Estado.

Necesitamos un Plan Nacional de Desarrollo de la Enfermería que garantice empleo digno, concursos públicos transparentes, distribución equitativa del recurso humano, incentivos para trabajar en zonas rurales y de difícil acceso, condiciones laborales justas, salarios acordes con la responsabilidad profesional y una planificación sanitaria que piense en los próximos veinte años y no en la próxima elección.

La enfermería no reclama privilegios.

Reclama justicia.

Reclama reconocimiento efectivo.

Reclama que el conocimiento, la vocación y el compromiso de miles de profesionales sean puestos al servicio de quienes más lo necesitan.

Porque cuando falta una enfermera o un enfermero, no pierde solamente un trabajador.

Pierde una familia.

Pierde una comunidad.

Pierde el sistema sanitario.

Pierde la Argentina.

Es momento de abandonar los discursos vacíos y asumir compromisos concretos.

Convocamos a los gobiernos nacionales, provinciales y municipales; a las universidades; a los sindicatos; a los colegios profesionales; a las organizaciones sociales y a toda la comunidad a construir un gran acuerdo nacional por la enfermería y por el fortalecimiento del sistema público de salud.

No hay justicia social sin salud.

No hay salud sin enfermería.

Y no hay futuro posible para la Argentina si quienes cuidan la vida continúan siendo postergados.

Lic. Sandro Ortega
Integrante del Colectivo de Enfermería Argentina

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