PANORAMA TUCUMANO
Por fuera de los manuales
http://www.lagaceta.com.ar/nota/368363/Opinion/Por_fuera_manuales.html
Yedlin no acabó de dar explicaciones por el convenio de $ 800.000 con una ignota fundación y ya sumó otro conflicto a las puertas de su despacho.
Redacción LA GACETA
Hay que reconocer, cuanto menos, su obstinación. El ministro de Salud, Pablo Yedlin, dio otra muestra de que no necesariamente se aprende de los errores. También, de que ocupar un cargo político no es lo mismo que ser un político. A decir verdad, ese es uno de los "halagos" con los que el gobernador Alperovich mima a su dueto preferido: más de una vez dijo que tanto el exiliado Juan Manzur como Yedlin no son políticos, sino excelentes técnicos. Lo que el mandatario no precisa es que el ministro de Salud de la Nación y su brazo en Tucumán no están dispuestos a ceder un centímetro de poder. Y ahí sí que se parecen a dos viejos políticos.
La resolución firmada por el mini-Manzur, que acaban de hacer pública los trabajadores autoconvocados de la salud, no da lugar a dobles interpretaciones. Ni siquiera a metáforas. Permite una lectura literal de la situación: durante 2009, el conflicto que hizo drenar por siete meses al alperovichismo siempre fue irracional a los ojos del Ministerio de Salud. Las medidas de fuerza de médicos, de enfermeros y de auxiliares fueron, a la luz de los "técnicos" de la gestión, un acto de barbarie. No fue casual que, en plena negociación salarial, el Gobierno haya enviado policías a los hospitales.
La postura de Yedlin siempre fue clara. Repitió cuantas veces pudo que el paro de los autoconvocados era ilegal. Con esa visión, no podía menos que advertirles por escrito: si vuelven a dejar vacíos los hospitales, aplicará sanciones disciplinarias. Es decir, si quieren reclamar por un aumento salarial o por condiciones dignas de trabajo, podrán quedarse disfónicos de tanto gritar. Pero ojo, no vaya a ser cosa que el Siprosa considere que sus gritos alteran o perturban, porque podrán ser sancionados. Y más cuidado aún si lo que pretenden es atender sólo urgencias, porque la Constitución garantiza el acceso a la salud y el Estado tiene la obligación de velar por su cumplimiento.
Al parecer, no es lo mismo cerrar un consultorio oftalmológico que obligar a las parturientas de Simoca a dar a luz en Concepción o en la capital, porque en esa ciudad no se atienden partos.
Tozudez
Así como Yedlin demostró ser un hombre tozudo, también hay que reconocerle su oportunismo. Porque firmar una resolución con ese tenor en pleno receso administrativo (13 de enero), y en la víspera del inicio de una nueva discusión salarial, es astuto. Pero también poco recomendable, según los manuales políticos.
Apenas se enteraron, los trabajadores pegaron el mismo salto que un paciente al que el dentista le extrajo una muela. La ventaja, podrían razonar, es que esta vez no tendrán necesidad de autoconvocarse: con lo que firmó, Yedlin ya se encargó de convocarlos por escrito a la plaza Independencia.
Lo del ministro también colisiona con un pedido de monseñor Luis Villalba. El arzobispo, que en 2009 medió entre Gobierno y trabajadores de la salud, pidió -según rememoraron protagonistas de ese hecho- que en el acta acuerdo se dispusiera el cese de la persecución. Se refería, en definitiva, a zanjar diferencias cara a cara.
En consecuencia, este nuevo instrumento no será nominado para un premio fair play.
Contradicción
A juzgar por los antecedentes, Yedlin demostró ser un funcionario al que no le pesa sacar de su bolsillo la lapicera. Porque tampoco tuvo inconvenientes en autorizar un pago de $ 800.000 a una fundación floja de papeles.
Y aquí viene una contradicción entre lo que destaca Alperovich de su ministro y lo que este demostró: como técnico dejó mucho que desear, porque si hubiera leído el expediente al que le puso el gancho no habría dudado en rechazarlo. Quizá, aquí sí actuó como un mañoso político. Hasta podría concluirse que pesó más la buena relación entre Manzur y su ex funcionario Raúl Penna con el chileno Héctor Silva Olivares. Claro que esta es sólo una conjetura, porque lo único cierto es que Silva Olivares colabora con Manzur desde hace varios años y que Penna y Silva Olivares son grandes amigos (ambos lo reconocieron públicamente).
También hay que destacar en el ministro su olfato. Porque encontrar casi 200 profesionales y auxiliares dispuestos a capacitarse en pleno apogeo del reclamo salarial -y con hospitales tomados- no deja de ser una hazaña. Mejor aún sería conocer la nómina, para que ellos mismos destacaran las bondades de las técnicas aprendidas.
Peloteo
Al parecer, la falta de respuestas no es patrimonio exclusivo del Gobierno. En la Justicia sólo hubo papeles que fueron de aquí para allá. Pero ningún hecho concreto que trasmita a la ciudadanía la decisión de investigar lo sucedido en el Ministerio de Salud.
El ministro fiscal, Luis de Mitri, giró la única denuncia penal por este asunto a la fiscalía de turno. La fiscala María de las Mercedes Carrizo interpretó que no le correspondía y la derivó a su par, Carlos Sale. Este, el lunes, también dedujo lo mismo y hoy el expediente no tiene fiscal. Más allá de las excusas formales, este peloteo sí que abre lugar a diversas interpretaciones. Pero ninguna, por cierto, fortalece la imagen de los poderes públicos ante la sociedad. Porque en definitiva, más que una advertencia, lo que la gente reclama a gritos son buenos ejemplos. Y encontrarlos parece más difícil que hallar la lista de estudiantes que tomaron los cursos dictados por la Fundación Salud.
Yedlin no acabó de dar explicaciones por el convenio de $ 800.000 con una ignota fundación y ya sumó otro conflicto a las puertas de su despacho.
Redacción LA GACETA
Hay que reconocer, cuanto menos, su obstinación. El ministro de Salud, Pablo Yedlin, dio otra muestra de que no necesariamente se aprende de los errores. También, de que ocupar un cargo político no es lo mismo que ser un político. A decir verdad, ese es uno de los "halagos" con los que el gobernador Alperovich mima a su dueto preferido: más de una vez dijo que tanto el exiliado Juan Manzur como Yedlin no son políticos, sino excelentes técnicos. Lo que el mandatario no precisa es que el ministro de Salud de la Nación y su brazo en Tucumán no están dispuestos a ceder un centímetro de poder. Y ahí sí que se parecen a dos viejos políticos.
La resolución firmada por el mini-Manzur, que acaban de hacer pública los trabajadores autoconvocados de la salud, no da lugar a dobles interpretaciones. Ni siquiera a metáforas. Permite una lectura literal de la situación: durante 2009, el conflicto que hizo drenar por siete meses al alperovichismo siempre fue irracional a los ojos del Ministerio de Salud. Las medidas de fuerza de médicos, de enfermeros y de auxiliares fueron, a la luz de los "técnicos" de la gestión, un acto de barbarie. No fue casual que, en plena negociación salarial, el Gobierno haya enviado policías a los hospitales.
La postura de Yedlin siempre fue clara. Repitió cuantas veces pudo que el paro de los autoconvocados era ilegal. Con esa visión, no podía menos que advertirles por escrito: si vuelven a dejar vacíos los hospitales, aplicará sanciones disciplinarias. Es decir, si quieren reclamar por un aumento salarial o por condiciones dignas de trabajo, podrán quedarse disfónicos de tanto gritar. Pero ojo, no vaya a ser cosa que el Siprosa considere que sus gritos alteran o perturban, porque podrán ser sancionados. Y más cuidado aún si lo que pretenden es atender sólo urgencias, porque la Constitución garantiza el acceso a la salud y el Estado tiene la obligación de velar por su cumplimiento.
Al parecer, no es lo mismo cerrar un consultorio oftalmológico que obligar a las parturientas de Simoca a dar a luz en Concepción o en la capital, porque en esa ciudad no se atienden partos.
Tozudez
Así como Yedlin demostró ser un hombre tozudo, también hay que reconocerle su oportunismo. Porque firmar una resolución con ese tenor en pleno receso administrativo (13 de enero), y en la víspera del inicio de una nueva discusión salarial, es astuto. Pero también poco recomendable, según los manuales políticos.
Apenas se enteraron, los trabajadores pegaron el mismo salto que un paciente al que el dentista le extrajo una muela. La ventaja, podrían razonar, es que esta vez no tendrán necesidad de autoconvocarse: con lo que firmó, Yedlin ya se encargó de convocarlos por escrito a la plaza Independencia.
Lo del ministro también colisiona con un pedido de monseñor Luis Villalba. El arzobispo, que en 2009 medió entre Gobierno y trabajadores de la salud, pidió -según rememoraron protagonistas de ese hecho- que en el acta acuerdo se dispusiera el cese de la persecución. Se refería, en definitiva, a zanjar diferencias cara a cara.
En consecuencia, este nuevo instrumento no será nominado para un premio fair play.
Contradicción
A juzgar por los antecedentes, Yedlin demostró ser un funcionario al que no le pesa sacar de su bolsillo la lapicera. Porque tampoco tuvo inconvenientes en autorizar un pago de $ 800.000 a una fundación floja de papeles.
Y aquí viene una contradicción entre lo que destaca Alperovich de su ministro y lo que este demostró: como técnico dejó mucho que desear, porque si hubiera leído el expediente al que le puso el gancho no habría dudado en rechazarlo. Quizá, aquí sí actuó como un mañoso político. Hasta podría concluirse que pesó más la buena relación entre Manzur y su ex funcionario Raúl Penna con el chileno Héctor Silva Olivares. Claro que esta es sólo una conjetura, porque lo único cierto es que Silva Olivares colabora con Manzur desde hace varios años y que Penna y Silva Olivares son grandes amigos (ambos lo reconocieron públicamente).
También hay que destacar en el ministro su olfato. Porque encontrar casi 200 profesionales y auxiliares dispuestos a capacitarse en pleno apogeo del reclamo salarial -y con hospitales tomados- no deja de ser una hazaña. Mejor aún sería conocer la nómina, para que ellos mismos destacaran las bondades de las técnicas aprendidas.
Peloteo
Al parecer, la falta de respuestas no es patrimonio exclusivo del Gobierno. En la Justicia sólo hubo papeles que fueron de aquí para allá. Pero ningún hecho concreto que trasmita a la ciudadanía la decisión de investigar lo sucedido en el Ministerio de Salud.
El ministro fiscal, Luis de Mitri, giró la única denuncia penal por este asunto a la fiscalía de turno. La fiscala María de las Mercedes Carrizo interpretó que no le correspondía y la derivó a su par, Carlos Sale. Este, el lunes, también dedujo lo mismo y hoy el expediente no tiene fiscal. Más allá de las excusas formales, este peloteo sí que abre lugar a diversas interpretaciones. Pero ninguna, por cierto, fortalece la imagen de los poderes públicos ante la sociedad. Porque en definitiva, más que una advertencia, lo que la gente reclama a gritos son buenos ejemplos. Y encontrarlos parece más difícil que hallar la lista de estudiantes que tomaron los cursos dictados por la Fundación Salud.
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