En este Primero de Mayo no alcanza con celebrar: tenemos la responsabilidad de comprometernos. Porque mientras algunos ejercen con dignidad su vocación, miles de enfermeras y enfermeros siguen esperando una oportunidad justa, estable y transparente.
No podemos mirar para otro lado. La salud no se sostiene sin quienes cuidan, y quienes cuidan no pueden seguir en la incertidumbre. Es momento de transformar la reflexión en acción, de construir políticas reales que garanticen empleo digno, condiciones claras y un sistema que valore de verdad el trabajo de la enfermería.
Convoco a que este día no sea solo memoria, sino un punto de partida. Que nos encuentre unidos, organizados y decididos a cambiar esta realidad. Porque donde hay una enfermera o un enfermero sin trabajo, hay una deuda pendiente de toda la sociedad.
Por ellos, por los que están y por los que esperan, no bajemos los brazos. El futuro del sistema de salud también se define hoy.
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