13 ago. 2012

HONDURAS, Enfermeras auxiliares claman justicia

Por: Armando Cerrato

El abnegado gremio de la enfermería auxiliar, integrado en su mayoría por mujeres, casi todas madres solteras, ha acudido a los tribunales de lo contencioso administrativo, en apelación contra la grosera medida de deducirles los 29 días no trabajados por culpa de los funcionarios que el Presidente de la República nombró para negociar sus justas demandas para mejorar sus condiciones de trabajo según acuerdos firmados con el gobierno que se negaba a cumplirlos y que al final terminó reconociendo que el gremio tiene la razón gracias a la mediación del obispo Rómulo Emiliani, quien también reconoce hoy, que la deducción a las enfermeras auxiliares es grosera e injusta.

Las enfermeras esperan no ser parte del talón descalzo que los encantadores de serpientes que habitan la casa de la justicia en Honduras manden a morder a una víbora disfrazada de ley, en cuya aplicación se amparan los personeros de Salud que negociaron con las uniformadas de blanco y a las que aceptan haber recomendado tomar la vía de la apelación, para no ser reparados ellos, por pagar tiempo no trabajado, pese a ser los mismos que convirtieron en conflicto extendido en el tiempo un problema de fácil solución como se demostró al final.

Los apoderados legales de las enfermeras auxiliares esperan que los jueces de lo contencioso administrativo, no tomen como suyas, las pésimas interpretaciones doctrinarias del Derecho que el abogado del Ministerio de Salud que negoció con las enfermeras hizo en torno a que la costumbre no es ley, olvidándose que la más elemental hermenéutica y lógica  jurídica sí reconoce la costumbre como fuente de jurisprudencia y por lo tanto que la misma por su acción repetitiva termina siendo ley aunque no haya sido legislada ni impresa.

Debo recordar que el ministro de Educación sin temor al reparo administrativo y siguiendo la jurisprudencia emanada de la costumbre y por lo tanto hecha tácita ley, ha declarado, aún en contra de supuestas órdenes presidenciales, que va a pagar a los maestros, en constantes paros de labores, los días no trabajados y en cambio va a prolongar el año lectivo y  a suprimir los días de asueto para que los niños y jóvenes escolares reciban clases por el tiempo fijado de 200 días.

A las enfermeras, que cayeron en la trampa al aceptar ir a los tribunales, para buscar la condonación de las sanciones administrativas que fueron parto del endurecido faraónico corazón de los negociadores gubernamentales que les sugirieron el procedimiento legal, se les podría, en todo caso hacer las deducciones a largo plazo, digamos un día de salario al mes, o que trabajen sin pago dobles los feriados hasta completar el monto a deducir.

Sin embargo, porque todos los hondureños somos iguales ante la ley, porque no puede haber clases privilegiadas todo según la Constitución de la República y porque las leyes son de aplicación general, argumentos utilizados por el Presidente Porfirio Lobo Sosa, para negarse a dialogar con el gremio de las enfermeras auxiliares, siendo él, el principal fomentador y creador de castas y clases privilegiadas en el país, los jueces debieran fallar a favor del gremio apelante para equipararlo a otros favorecidos con el privilegio presidencial, eso sí sería hacer justicia, aplicación distributiva de la ley dando a cada quien lo que merece.

Por eso da grima que algunos sectores –periodistas de importantes medios electrónicos incluidos–, no valoren objetivamente el movimiento  de estas mujeres que sin importar el tiempo –horario y climático— se mantienen al pie de la bandera, que mueren con las botas puestas, en muchas ocasiones infectadas con las enfermedades transmisibles de los cientos de pacientes que a diario atienden en los centros de salud y hospitales públicos donde de lo que menos se les provee es de material bío-sanitario y donde la asepsia es una utopía, más grande que la isla que Tomás Moro soñaba como sede de un estado y sociedad perfectos, donde todos los ciudadanos recibían el mismo trato en base a la justicia y la ley, dándose preferencia a la justicia sobre la ley.

Pero, como tenemos un Presidente que no es para todos los hondureños, que tiene preferencias y aparentemente –sin que haya explicación alguna— un cierto odio y repudio al gremio de la enfermería auxiliar, quizás en uno de esos gestos de arrastre infinito, los jueces de lo contencioso administrativo se olviden de que la justicia es una virtud que consiste en dar a cada quien lo que se merece y como una víbora venenosa, rastrera, traicionera y vil, muerda el talón descalzo de las abnegadas mujeres, madres solteras y algunos varones, y les sentencien a perder dinero volviendo más raquítico su ingreso, quizá uno de los mejor ganados en el servicio de la administración pública, pero quizá, también, –hay que darles el beneficio de la duda— fallen conforme a derecho y pensando en la igualdad y el no privilegio sectorial.

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