3 abr. 2016

Conocé la historia de amor que empezó en la guerra y se concretó 33 años después

Conocé la historia de amor que empezó en la guerra y se concretó 33 años después

A él le tocó ser herido a pocas horas del desembarco. A su lado, cayó el primer héroe, el mayor Pedro Giachino. Ella, enfermera civil, esperaba en el continente, en el hospital naval de la Base Puerto Belgrano.

El cabo Ernesto Ismael Urbina y la enfermera civil Elsa Mabel Rodas, ambos de la Armada, se conocieron en el Hospital Naval de la Base Puerto Belgrano, antes de la Guerra de Malvinas. Juntos atravesaron el drama y la recuperación de los heridos, uno de los cuales fue el propio Ernesto. El destino los separó, pero treinta y tres años después se reencontraron. Sin que ellos lo supieran, los había mantenido unidos la pluma de un ave que para los guaraníes tiene un gran significado.

Ernesto Ismael Urbina llegó al lugar de desembarco en Malvinas, en las proximidades de Puerto Argentino, a las 21 horas del 1º de abril de 1982, a bordo del ARA Santísima Trinidad. Era un buque nuevo en el que iban los hombres que llevarían a cabo la Operación Rosario, la primera operación táctica de las Fuerzas Armadas argentinas en la Guerra de Malvinas. Contaban con media hora de luz de luna para el procedimiento, pero la noche se hizo larga, helada y negra. Realizaron la recuperación más limpia que conozca la historia, sin muertos ni heridos del bando enemigo.

Urbina había entrado a la Armada a los 16 años. Tres años más tarde, ya era enfermero y comando anfibio. Su gomón era el número dieciocho de veinte, por lo que le tocó desembarcar en la más absoluta oscuridad. El mar helado le agarrotó las manos, que se le fueron aflojando en las cuatro horas de caminata que lo separaban de la posición que debía ocupar. Su misión era marcar el helipuerto con un calzoncillo largo que extendido tenía la forma de una H y que llevaba en su mochila. Después, a esperar instrucciones. Era el enfermero de la patrulla del mayor Pedro Giachino, el primer caído en combate.

A Urbina lo hirieron de gravedad unas pocas horas después de tomar posición en los alrededores de la casa del gobernador Rex Hunt. Logró marcar el helipuerto, pero no alcanzó a socorrer a Giachino, que murió rápidamente por una herida en la arteria femoral. Ernesto se inyectó morfina, se desplazó para salir de la línea de fuego "arrastrando las tripas en la tierra" y esperó fumando un cigarrillo hasta que lo rescataron.

En el medio, pensó en su madre, aquella que marcó su niñez y que hoy él evoca mágicamente: nació en una familia humilde, con lo justo para vivir, pero una mamá llena de recursos propios para hacer que ese recuerdo, el de ser un niño, sea tierno y feliz. Aquella noche en Malvinas tuvo miedo. Pero del miedo salió el coraje para esperar, porque como lo vieron erguido y fumando, pensaron que no estaba tan grave. Él mismo se hizo las primeras curaciones que le sujetaron los órganos dentro del cuerpo. No sentía una pierna. Y tenía frío.

Antes de la guerra, en la Base Naval de Puerto Belgrano, Ernesto era el más alegre, siempre rodeado de amigos. Sus compañeras enfermeras lo querían mucho, particularmente Elsa Mabel Rodas, que poco antes de irse a la guerra le regaló una pluma de caburé-i para que lo protegiese. Se trata de un ave del litoral con mucho significado para los guaraníes; su plumaje brinda protección según el lugar del cuerpo del que se hayan caído. No hay que arrancárselas al ave. Esta mezcla de rituales aborígenes con la capacidad de dar, curar, estudiar, ser valiente desde el temor y reconocerlo, es lo que hace que esta historia sea única.

Mabel lo esperaba la tarde del 2 de abril, entre muchas otras personas, en el Hospital Naval de Puerto Belgrano. Le habían dicho que llegaba muy grave, junto al cuerpo de Giachino. Cuando Ernesto recuerda ese traslado, admite que lo conmocionó viajar junto a su jefe muerto.

También lo aguardaban su madre y su hermana, y todos los médicos y enfermeras, sus compañeros. Su llegada era todo un símbolo: la guerra era real, concreta, con el primer muerto y el primer herido en combate arribando a la base.

Ernesto llegó despierto y sonriente, pero las bromas fueron una muestra de fortaleza frente a su madre. Luego nadie más lo vio, porque fue directo a terapia. Mabel pensó en él todo ese tiempo, hasta que lo volvió a ver cuando ya estaba en una sala común. Su admiración era profunda, sincera.

Más avanzada la contienda, Mabel estuvo en la unidad de quemados, donde le tocó atender a los compañeros que sobrevivieron al hundimiento del crucero ARA General Belgrano.Fue tanta su conmoción y su entrega, que llegó a tomar la drástica decisión de no traer hijos al mundo. No iba a soportar que un hijo suyo fuese a una guerra.

La vida separó a Ernesto y Mabel. Urbina se fue de alta dos meses después de llegar herido, se reincorporó al trabajo, y se fue de la Armada en el 84, en silencio. Hasta le quisieron cobrar la ropa que perdió en Malvinas, porque cuando llegó baleado lo habían despojado de ella. La enfermera, en tanto, se fue de Puerto Belgrano destinada a Ushuaia como miembro civil de la Armada. Ambos se casaron. Ernesto tuvo hijos, mientras que Mabel cumplió su promesa de no procrear.

Se pensaron toda la vida, separados. No se buscaron hasta muchos años después. Yo la conocí primero a ella, y tuve un encuentro con los dos este año en Córdoba. De todos los veteranos y veteranas, hombres y mujeres que conocí estudiando y escribiendo sobre la Guerra de Malvinas, son ellos dos quienes me demostraron lo que sostenía en mi pensamiento: se puede despegar de un pasado de guerra para honrar cada día la vida.

Mabel hace algo más: desde Ushuaia, parte todos los años en su camioneta a realizar tareas humanitarias con las comunidades guaraníes de sus antepasados. Despioja niños, les corta el pelo, da clases de horticultura, construye baños y les acerca agua, con la ayuda de amigos y vecinos que contribuyen con donaciones.

Les lleva la bandera nacional, que muchas escuelas de aldeas aborígenes no tienen, y les enseña la marcha de Malvinas. Son niños que hablan más portugués y guaraní que español. Son hijos de sus ancestros. Ella siente que debe rescatarlos y hace una obra maravillosa y grande, sobre todo porque la hace sola. Ir de Ushuaia a Misiones le lleva 5 días. Duerme en la camioneta o en la casa de algún veterano que la aloja. Sólo cuenta con su jubilación, y no le importa invertirla en una olla para la comunidad o en gallinas para que tengan huevos.

Ernesto trabaja desde hace años como enfermero de una empresa privada en Punta Alta. Ama el campo y los caballos, y es un ejemplo de dignidad. Tiene un recuerdo humilde de su rol en la guerra. "No soy ningún héroe. Era mi trabajo, me preparé y estudié para eso, no hice nada extraordinario. Mal la pasaron los que estuvieron 74 días en una trinchera, sin saber a qué hora les llegaba la muerte. Yo fui, hice mi trabajo y volví herido. Era una posibilidad cuando trabajás de algo que te lleva a la guerra", reflexiona. Su buen humor contagia, es un tipo alegre, de una sencillez que lo preservó de creérsela. Cuando habla de su experiencia, el silencio alrededor es absoluto, atrapa como una película.

Los dos enfermeros se buscaron, como si supieran que ambos estaban ya divorciados, y se reencontraron hace poco más de un año. Habían pasado 33 años, media vida.

Entre ellos subyacía algo que no alcanzó a ser en la Base de Puerto Belgrano, pero que ahora está empezando: el amor. Él vive en Punta Alta, ella entre Ushuaia y Misiones. Cada mes tratan de encontrar un tiempo para verse. El amor sereno, que nació de una guerra, les da la posibilidad de ser pacientes, de disfrutarse el poco tiempo que se ven.

Mabel y Ernesto no han hecho un culto de la guerra; es una circunstancia que los marcó para siempre, pero no se quedaron allá, se rescataron a sí mismos y viven para el futuro, apostando a mejorar el mundo en lo que a cada uno le toca. Cuando conocí a Urbina, lo primero que me mostró, antes que sus medallas, fue la pluma de Cabure-i que guardó para siempre, durante 33 años, en su billetera.

La Justicia ordenó a los anestesiólogos “garantizar” la prestación del servicio


El SEMPRE había presentado un amparo, y la jueza María del Carmen García hizo lugar. Ahora, deberán sentarse a resolver la situación en 30 días.

La Justicia provincial obligó a los anestesiólogos a garantizar la prestación del servicio a través del SEMPRE durante 30 días más, luego de un amparo presentado por las propias autoridades de la obra social provincial. La medida fue dictada por la jueza María del Carmen García, titular del Juzgado Civil 2.

El escrito, al que tuvo acceso El Diario, establece "la obligatoriedad a los profesionales anestesiólogos en conflicto de garantizar la prestación de los servicios en las condiciones actuales durante 30 días más, período en el cual deberá lograr un acuerdo con el SEMPRE".

Se buscan 38 enfermeros para hacer voluntariado en América Latina

Madrid, 1 abr (EFE).- Ser enfermero o enfermera, mayor de 21 años y residir en España son los requisitos que la ONG Enfermeras Para el Mundo pide para ser uno de los 38 profesionales sanitarios que van a participar este año en proyectos de voluntariado en América Latina de la Organización Colegial de Enfermería.

Desde hoy y hasta el 10 de abril se podrán enviar las solicitudes a esta iniciativa del programa de Voluntariado Internacional (Volin), para participar en proyectos de lucha contra la desnutrición infantil, enfermedades de transmisión sexual, violencia contra la mujer y prevención de la mortalidad infantil.

En un comunicado, Enfermeras Para el Mundo destaca que esta propuesta está dirigida a aquellos que quieran conocer "realidades diferentes" y "ampliar sus fronteras profesionales".

En esta edición del programa, se ofertan trece plazas más que el año pasado, debido a la buena acogida que tuvo, en países como Perú, Guatemala, Bolivia y Ecuador.

Los candidatos recibirán formación a través de un curso presencial teórico-práctico antes de viajar al país de destino para trabajar durante uno o dos meses en organizaciones locales, apoyando a los profesionales sanitarios en sus tareas diarias.

Por las 16 ediciones del programa de voluntariado Volin han pasado más de trescientos voluntarios que han colaborado con países como Mauritania, Marruecos, Senegal, Ecuador o Bolivia. EFE

Médicos y enfermeros exigen más medios para igualar en calidad a otras localidades

La gerencia del área de salud dice que atenderá la demanda para mejorar la asistencia «en función de la disponibilidad presupuestaria»

El medio centenar de profesionales -médicos, enfermeros, celadores y auxiliares- del centro salud de La Unión ha elevado una protesta a la gerencia del Área de la que dependen -la número 2, Cartagena y comarca- por las condiciones laborales en las que desempeñan su trabajo. En varios escritos a los que ha tenido acceso 'La Verdad', se quejan de la «difícil situación» en la que se desarrolla la atención sanitaria, «de inferior calidad», afirman, al resto de áreas de salud de la Región.

Los profesionales aluden a un «bucle viciado» en la trayectoria de este centro (inaugurado en febrero de 2013), que tiene su origen en «la rotación permanente de médicos debido a las condiciones de trabajo adversas». Si a eso, además, se le suma «la disposición de insuficientes recursos materiales y de personal», la consecuencia es que se producen, afirman, «hechos nada favorables en la atención que reciben los usuarios».

Para los profesionales, la única solución es «erradicar el trato desigual respecto a otros equipos de atención primaria de la región». Un «deterioro progresivo la calidad de la atención», a su juicio, que intentan paliar «con el compromiso de todos los profesionales».

Según las estadísticas que manejan, cada médico atiende un promedio de 44 pacientes al día, cuando la media del área (compuesta por 16 centros de salud) es de 34. El tiempo de consulta por paciente es de 4,8 minutos y la media 5,5. Mientras que el número de usuarios asignados es de 1.470 y la media 1.369. Como hechos que prueban las deficiencias, citan la inexistencia de urgencias en horario de mañana de lunes a viernes. Así, cuando un médico de familia tiene que abandonar su consulta «hace soportar largas demoras a los pacientes hasta que vuelve».

Además, denuncian «la obligatoriedad» de doblar la atención a pacientes en caso de ausencia de los compañeros por cualquier motivo, «lo que masifica las consultas afectadas». También aluden a que «no se garantiza sustituciones por bajas por enfermedad ni el desarrollo de actividades de formación continuada», así como a la «restricción en el disfrute de días de libre disposición».

Como conclusión, afirman que las adversas condiciones sociales y económicas de la población de La Unión «merecería al menos la misma calidad y cantidad de recursos sanitarios que otros centros de salud».

Por su parte, fuentes de la Consejería de Sanidad subrayaron que el director del área de Salud, José Sedes, «se ha interesado personalmente por las demandas del centro y se ha comprometido a estudiar la mejor forma de potenciar las prestaciones sanitarias».

En su reciente visita al centro, señalaron las mismas fuentes, «comprobó el excelente trabajo que realizan todos los profesionales en unas magníficas instalaciones», y dijo que, «en función de las disponibilidades presupuestarias», intentará que se puedan incrementar los medios materiales y de personal.

Quejas del alcalde

Las quejas de los profesionales sanitarios han llegado también al Alcalde, Pedro López Milán, quien se ha comprometido a trasladar «con firmeza» las necesidades del centro de salud a la consejería de Sanidad. Dice que a la falta de personal y medios, «especialmente en el área de Urgencias», se une «la pasividad», en su opinión, de los responsables de la consejería. El alcalde asegura que lleva «muchos meses llamando» para que le reciba la consejera de Sanidad, «sin éxito, pese a la insistencia casi diaria», apostilló. Estas carencias, añadió que «hace que muchas veces el usuario se vaya directamente a las Urgencias del hospital Santa Lucía, contribuyendo a su colapso».

Enfermeros de ATE convocaron a un plenario provincial


Los enfermeros consideraron que el ministro Rubén Ojuez dio una "respuesta negativa" a las demandas que había planteado el sector. Analizan lanzar un plan de lucha.

Los enfermeros de diferentes sectores y localidades representados por ATE ratificaron el estado de alerta y movilización y convocaron a un plenario provincial para el sábado 23 de abril, para unificar criterios y plantear un plan de lucha, ante la respuesta negativa por parte del ministro de Salud, Rubén Ojuez, a los reclamos que habían planteado.

El miércoles pasado se reunieron en Salud el ministro Ojuez, el subsecretario Abrego, el jefe del Departamento Provincial de Enfermería, Horacio Zalabardo, la jefa del Departamento de Enfermería del Lucio Molas, Josefina Sotelo, supervisores de turno y jefes de servicio de ese hospital. No dejaron entrar a esa reunión a los enfermeros que también habían sido convocados en una reunión anterior, del día 16 de marzo, "alegando que quienes estaban en horario de trabajo serían sancionados", según difundió ATE.

Según los enfermeros, "ante las problemáticas planteadas al Ministro las respuestas oficiales fueron que no hay disponibilidad económica para "guardias pagas de enfermería"; no hay posibilidad alguna, por el momento, de nuevas incorporaciones de agentes de enfermería al sistema de salud de la provincia; se entregaron al ministro informes hechos por cada jefe de servicio con la dotación de camas y disponibilidad de agentes, comprometiéndose en la presentación de estos informes al gobernador y buscar soluciones alternativas a la desproporción camas/trabajo/agentes; según el ministro, la problemática alcanza solo al Lucio Molas, subestimando al resto del sector enfermero de la provincia; en cuanto al tratamiento de la Ley 1279 sugirió que fuera en el ámbito de paritarias".

Enfermeros chocan contra un anuncio

Los tripulantes del coche resultaron con golpes leves, esto tras estrellar su coche contra un poste, siendo la causa un volantazo que dieron por evitar arrollar a un ciclista que se les atravesó.

El Mante, Tam.- Dos enfermeros sufrieron un accidente vial, camino al trabajo luego de que un imprudente ciclista se atravesara en su camino, y por evitar arrollarlo movió bruscamente el volante para terminar impactándose contra un anuncio.

El accidente ocurrió a las 08.30 horas sobre la calle Vicente Guerrero entre Guayalejo y Monterrey al oriente de la zona centro, donde acudieron paramédicos de Cruz Roja.

Ahí atendieron a dos jóvenes enfermeros quienes resultaron prácticamente ilesos, al chocar la unidad que tripulaban, tratándose de un Nissan tipo March en color azul de modelo reciente con placas de circulación XKP-9228 del Estado de Tamaulipas-

La unidad era manejada por un enfermero y propiedad de una compañera Yuritzi Moctezuma Medina, quienes se desplazaban sobre la calle Guerrero en dirección al oriente, pero al encontrarse entre las calles antes mencionadas un ciclista se atravesó en su camino provocando que por evitar arrollarlo diera un volantazo y se proyectaran contra el anuncio de un taller de mofles.

Ante los agentes de tránsito local indicaron que solicitarían la intervención del agente de seguros para que se hiciera cargo de la reparación de los daños de la unidad y el anuncio.

RectifiquaN el decreto que limita el ejercicio de la enfermería

Ana Isabel Abengózar, esta mañana en Ciudad Real / Clara Manzano

    El PSOE pide al Gobierno central que rectifique el decreto que limita el ejercicio de la enfermería

    Belén Rodríguez
    Ciudad Real

    A la diputada regional del PSOE por Ciudad Real, Ana Isabel Abengózar, le parece incomprensible que el Partido Popular votara el jueves en contra de la proposición no de ley planteada por su partido en el pleno de las Cortes regionales en las que se insta al Gobierno central a rectificar el conocido como 'decreto de prescripción enfermera', en vigor desde el 23 de diciembre pasado, que se aprobó con la oposición frontal del colectivo y que limita hasta 1.500 actuaciones habituales de esto profesionales sanitarios del tipo de no poder prescribir una pomada en el caso de una picadura de abeja (algo que si puede hacer un socorrista en una piscina) o no suministrar calmantes para el dolor sin supervisión médica.

    Según Abengózar el PSOE está "con los enfermeros y enfermeras, y entiende que el cambio introducido por el PP de forma unilateral en el articulado de la norma crea inseguridad jurídica a esta profesión", de ahí su "perplejidad ante la postura de los populares.


    Al PSOE le parece que el rechazo a este moción es "otro ataque a la sanidad pública", y una prueba evidente de que el PP favorece medidas tendentes a "cargarse" lo público "y hacernos ver que la solución a la sanidad está en todo lo privado". 


    Soy enfermero, ni médico ni celador

    En la plantilla del Chop hay 719 profesionales, de los que 648 son mujeres y 71 hombres. Cuatro enfermeros relatan cómo los ven los compañeros y los pacientes

    ¿La enfermería sigue siendo una profesión de mujeres? La teoría dice que no, aunque otra cosa es la práctica diaria. En las escuelas universitarias hay cada vez más hombres, pero el número de mujeres sigue siendo muy superior. Y a ojos de los pacientes, ¿reciben el mismo trato enfermeros que enfermeras? En el Complexo Hospitalario Universitario de Pontevedra (Chop) hay en la actualidad, según datos oficiales, 719 enfermeros en plantilla, de los que 648 son mujeres y 71 hombres. No llega al 10 %, un 9,8. En el conjunto de la EOXI (incluyendo Primaria y O Salnés, además de Montecelo y Provincial) son 1.077 enfermeros, 944 mujeres y 133 hombres. Un porcentaje algo superior, el 12,3 %.

    La Voz mantuvo un encuentro con cuatro enfermeros contratados para conocer su opinión. Son Eduardo García Iglesias, de 35 años; Lorenzo Pita López, de 39; Víctor Manuel Pérez Rodríguez, de 29; y Daniel Crespo Rodríguez, también de 29. Eduardo, con una experiencia de 12 años, está cubriendo una baja en la unidad de despertar. Lorenzo, que empezó a trabajar en 1998 y estuvo tres años y medio en Portugal, cubre otra baja en quirófano. Desde el 2007 acumula más de 400 contratos. Víctor y Daniel llevan ejerciendo nueve años y trabajan «cuando nos llaman» porque están en la lista pull, como sus compañeros. Víctor también figura en la lista especial de Hemodiálisis, y Daniel, que lleva más de mil contratos, en la especial de Urgencias.

    ¿Por qué se hicieron enfermeros? Era la carrera que quería estudiar Lorenzo. Víctor tenía como primera opción Fisioterapia, y Eduardo y Daniel, Medicina. Aunque no entraron en esas titulaciones, ninguno de los tres se arrepiente de haber cursado Enfermería. Coinciden todos en que es una profesión muy vocacional y que les gusta a pesar de la precariedad laboral. «Lo que se hace ahora con contratos de un día o incluso medio día no pasó nunca y al final todo eso repercute en la calidad asistencial, cuando los enfermeros gallegos y españoles están muy bien valorados fuera», remacha Lorenzo.

    Aunque fueron minoría ya en la carrera y hoy están en amplia minoría en casi todos los servicios sanitarios -en algunos solo hay un hombre-, no sienten que la suya sea una profesión «de mujeres». «Los compañeros saben cómo trabajamos», dicen. Explican que Urgencias del hospital Montecelo es uno de los servicios con más varones, aunque sigue habiendo más mujeres. En cuanto a la relación con los pacientes, la reacción al ser atendidos por un hombre, subrayan, depende de la edad.

    «Las cosas poco a poco van cambiando. Tampoco ayuda el hecho de todos vayamos vestidos de blanco, hasta el cura», señala Víctor entre risas. Es una de las cosas que le piden a la Xerencia, que cuando cambie los uniformes del personal opte por colores distintos para diferenciar a cada profesional, algo que sí está vigente en otros hospitales públicos gallegos y ellos creen que ayudaría a evitar despistes. En el caso de enfermos que superan los 70 años es bastante habitual que confundan a los enfermeros con celadores o con médicos. Un comentario recurrente, apuntan, es cuando al saber que son enfermeros les preguntan: «Y tú, ¿no quieres seguir estudiando para ser médico?».

    Los cuatro han vivido una situación que también parece repetirse: algún paciente que se negó a que lo atendiera un enfermero hombre. Si la carga de trabajo lo permite y ven que el enfermo lo está pasando mal por ese motivo se lo piden a alguna enfermera. Pero hay veces en que la falta de personal y la actividad hace que no sea posible «y es lo que hay». «Hace años había una norma no escrita que decía que a los pacientes hombres los rasuraba un celador, y a las mujeres, las enfermeras. Pero eso cambió, hoy hay celadoras y enfermeros», argumenta Daniel.

    El desafío de Blanca, una enfermera santafesina que trabaja en Roma

    Blanca Viera es una enfermera santafesina que vive en Roma hace 12 años. Trabajó en distintos centros de salud en la capital italiana, en breve se jubilará y volverá a vivir a la Argentina. 

    No es fácil  lograr encontrarse con Blanca en Roma, es una de las personas más activas que puede haber. Su vida es trabajo, amigos y viajes. 

    Blanca es la que se puede definir como la "clásica gringa santafesina": rubia, piel clara y ojos profundos azules. Elegante, lo demuestra no solo como se presenta al saludar, sino tambièn la postura y sus aros de perlas, símbolo ancestral de femenidad, que no es fàcil encontrar en las nuevas generaciones.

    Después de un capuccino y un "cornetto" (clásica medialuna italiana) Blanca   Viera contó que nació en Santa Fe, comenzó su vocación de enfermera como auxiliar en el Hospital Cullen, "no recuerdo bien el año, yo era muy joven, fue hace bastante tiempo" comenta sonriendo; su marido médico ayudó a esta decisión, que poco a poco fue tomando una forma más concreta, inscribiéndose en la Universidad Nacional de Rosario y logrando su Diploma de Licenciatura.

    Otra experiencia que recuerda con gran orgullo, fue cuando, junto a su esposo, fueron llamados para ocuparse del Centro Asistencial en el pueblo de San Agustín. "Era todo nuevo, y nosotros hacíamos de todo, desde pequeños controles hasta partos. Fue ahì que conocí la gente de campo, fue una experiencia hermosa".

    El viaje a Roma

    La llegada a Roma fue en el 2004 y casi por casualidad, una casualidad que dura 12 años y que está por concluirse con su jubilación y sucesivo regreso a Santa Fe donde la esperan sus familiares.

    "Mientras estaba haciendo un curso de actualización en enfermería, me llega la noticia de una empresa interesada en enfermeros argentinos, que ofrecía pasantías remuneradas en Roma" explica Blanca. El interés de esta empresa se funda principalmente en el alto nivel de estudios y capacitación de los enfermeros argentinos.

    Fue así que inició sus trámites para trabajar en Europa, conocer su profesión en otra parte del mundo y experimentar nuevas vivencias. Un año después fue llamada para iniciar esta aventura en Italia, tuvo 15 días para preparar las valijas, 12 horas de viaje y de repente ya se encontraba en una de las ciudades màs hermosas del mundo.

    "No fue para nada fácil el inicio, el inconveniente mayor fue el idioma, las técnicas de trabajo eran distintas, y había competencia con los colegas italianos", aeguró Blanca.

    Por otro lado comentó que el personal de la empresa que la había contratado y muchos colegas latinoamericanos fueron muy amables y la ayudaron a insertarse porque de otra manera, habría pegado la vuelta mucho antes a la Argentina.

    Es evidente que su capacidad le dio sus frutos. Trabajó muchos años en el "Policlínico Umberto Primo de Roma" uno de los hospitales más importantes de toda la región; luego fue transferida al Hospital de Rehabilitación "San Giovanni", y desde hace algunos años trabaja en un gran centro para ancianos "Casa di Riposo RM3" en donde asistió entre otros, a la hermana del ex Presidente Italiano, Giorgio Napolitano.

    Blanca apenas llegada a Roma con otros colegas argentinos en el Policlínico Umberto Primo

     
    Conocer las raíces y viajar por Europa

    Otras de las grandes satisfacciones que logró Blanca en estos años, fue la posibilidad de viajar por casi toda Europa. Londres, París, Barcelona, Berlin entre otras grandes ciudades que llegó a conocer y que la enriquecieron mucho como persona.

    Pero el viaje que más la gratificó emocionalmente fue al de sus raíces en las Islas Canarias. "Viajé por primera vez en el 2013, donde nació mi abuelo paterno Crecencio Viera, en Las Palmas de Gran Canaria. Fue hermoso conocer mis raíces españolas" explica Blanca. Un abuelo que como muchos de los nuestros llegó a Argentina para trabajar y ayudar a construìr el país que hoy conocemos, en este caso emigrando a Coronda donde inició los cultivos muy particulares de frutillas.

    Blanca tuvo la suerte de conocer el lugar donde nació su abuelo y recorrer todo Europa en estos años. 

    Del capuccino se pasó al aperitivo (en Italia se toma antes del almuerzo o la cena) y el reloj indica que en una hora inicia su turno de trabajo.

    Sin darse cuenta, con los ojos lúcidos, Blanca confiesa: "volver a Santa Fe es una gran alegría, pero Italia y Roma están en mi corazón, y después de 12 años de vida aquí no va a ser fácil, voy a extrañar mucho". Tuvo la oportunidad de tramitar desde aquí su jubilación, y es ahora que quiere disfrutarla junto a toda su familia en la tierra donde nació, a orillas de la Laguna Setúbal, que no será tan famosa como el río Tevere de Roma, pero que la vio crecer junto a sus hijos y sus nietos que hoy son su don más grande.

    Por Valeria Fornari, especial para Diario UNO de Santa Fe. 

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