6 feb 2011

ESPAÑA, TARRAGONA

Los jóvenes ven en la emigración la única salida al desempleo y la crisis

Los fisioterapeutas y las enfermeras se van a Francia. Ingenieros e investigadores buscan cobijo en Alemania. Los tarraconenses optan por irse fuera ante un futuro incierto

http://www.diaridetarragona.com/tarragona/052422/jovenes/ven/emigracion/unica/salida/desempleo/crisis
Son 144.714 en toda la provincia. Tienen entre 15 y 29 años y, por delante, un futuro incierto y montones de etiquetas: generación 'ni-ni', generación 'sí-sí' o generación para después de una crisis. Más allá de categorías, se impone una realidad insalvable: un horizonte en crisis marcado por el desempleo que golpeará especialmente a estos colectivos jóvenes, sumidos desde hace tiempo en la incertidumbre.
La recesión o el escaso valor otorgado a la formación ha derivado en trayectorias erráticas. «Son tiempos difíciles para los padres y las madres que esperan que sus hijos disfruten de una vida segura, parecida o incluso mejor que la que han tenido ellos», sentencia Àngel Belzunegui, sociólogo de la URV. La emigración de tarraconenses se disparó un 19,2% durante 2010. En total, 1.616 ciudadanos, la mayoría de ellos jóvenes con preparación, decidieron dejar la provincia en los últimos años y aventurarse en el extranjero en busca de opciones laborales más halagüeñas.
No queda otra. Así lo piensa la mayoría de jóvenes, sobre todo aquellos cualificados o en formación que, viendo el futuro muy poco claro, se plantean emigrar si el extranjero les brinda una oferta de trabajo interesante.
Paula, Sara y Maria acabarán en junio su grado de enfermería en la URV. A partir de entonces comenzará la laboriosa tarea de entregar currículums y esperar llamadas. «Aquí las cosas están muy mal y no hay perspectiva de que mejoren. En otros países hay mejores condiciones y mejores sueldos. No descarto irme a Francia o Inglaterra. A los enfermeros les tratan mejor que aquí», cuenta Paula. Sara no lo tiene tan claro: «Me gusta mucho España y me costaría irme. Antes prefiero agotar las opciones que tengo aquí», reconoce.
Contra la desmotivación
En función de la formación, se opta por emigrar a un país u otro. Ingenieros e informáticos acuden al amparo de Angela Merkel y su plan de contratar jóvenes cualificados en Alemania. Fisioterapeutas o enfermeros optan por buscarse la vida en Francia. Es el caso de Mónica, reusense de 28 años. «Hace un año pensé en emigrar para probar una experiencia nueva y aprender un idioma, pero ahora lo tengo muy claro. Francia es la única salida que le encuentro a mi situación. Llevo muchos meses buscando trabajo y a medida que pasan los días estoy más desmotivada». En el país galo se encontrará sueldos más dignos y la posibilidad de ofrecer una asistencia decente y sin aglomeraciones. «En España cada año salen de la universidad muchos fisioterapeutas. Sólo en Catalunya hay siete universidades. En Francia la cantidad de fisioterapeutas que salen al año es menor, pero en cambio la demanda es mucho más alta».
Algunos dudan. A un lado, mejores condiciones, la posibilidad de enriquecer el currículum y la seguridad que otorgan los idiomas bien manejados. Al otro, la dificultad que supone dejar atrás familia y amigos. «Ahora mismo no sé si me iría fuera a trabajar. Depende de muchas cosas, de tu situación personal», comenta Gonzalo Esteban, que busca trabajo después de licenciarse en psicología por la URV. Sin embargo, ante el dato contundente de una tasa de paro juvenil que en España ronda el 40%, los jóvenes tarraconenses se resignan. «Preferiría trabajar aquí. Y espero tener opciones, porque elegimos la carrera pensando en las posibilidades laborales que ofrecía. Pero si hay que irse fuera, lo haremos», comenta Carles Grau, estudiante de 29 años que cursa filología inglesa.
En busca del primer empleo
Todos ellos ven con buenos ojos el plan de choque que prepara el Gobierno para ayudar a 100.000 jóvenes. Sólo en la provincia de Tarragona, 6.000 jóvenes están buscando, sin suerte, su primer empleo.
El desafío del Gobierno es que los jóvenes reciban un tratamien-
to laboral específico para insertarse a mayor velocidad en el mercado laboral. El objetivo es bonificar el contrato parcial, poco explotado en España, para que las empresas se animen en la contratación. El plan consiste en que el empresario esté exonerado de pagar el 100% de las cuotas de la Seguridad Social a cambio de que contrate a un trabajador por un mínimo de seis meses y por una jornada que equivalga, al menos, a la mitad de la ordinaria. Todas estas medidas son vistas positivamente por las nuevas generaciones, aunque no creen que sean suficientes. De momento, pensar en salir al extranjero es la opción más factible, prácticamente la única salida posible y a veces vista como medida temporal, mientras en España dura la crisis. «Quiero trabajar aquí, pero si no se puede me iré un tiempo fuera. También te sirve para mejorar tu currículum y, al volver poder aspirar a algo mejor», comenta un estudiante a las puertas del campus Catalunya de la URV.
Para Víctor, licenciado en Publicidad y Relaciones Públicas, el éxodo es una de las opciones que contempla para seguir con su carrera de investigador en comunicación. Prepara una tesis sobre videojuegos y está a la espera de que le concedan una beca en Dinamarca: «Me muevo en un ámbito muy poco explotado en España y donde es difícil conseguir subvenciones», se queja.
La fuga de cerebros
Su caso esconde un problema aún más preocupante a largo plazo: la fuga de cerebros que se da desde hace tiempo. Roberto Suárez, investigador tarraconense instalado desde hace tres años en Hamburgo, ofrece un dato revelador: «El estado español y la administración catalana se habrán gastado 150.000 euros en mi formación como investigador. El beneficio lo recogen los alemanes, para quienes investigo y a cuyo centro de investigación he aportado fondos de la Unión Europea».
«Lo que está claro es que algo hay que hacer. Si aquí nadie hace nada por generar empleo, nos tendremos que ir fuera», se resignan, rebelándose contra la reciente etiqueta 'ni-ni', que no hace más que generalizar el perfil de una minoría. Frente al 8% de jóvenes que ni estudian ni trabajan ni buscan empleo, esta generación desamparada y más formada que nunca (cada catalán ha invertido hasta los 24 años más de diez en formación), reclama su sitio en medio de un futuro incierto por la mala situación económica que, aclaran, han provocado otros. 

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